Fragmento de la última entrevista a Bolaño
¿Qué cosas de todas las que le han dicho sus lectores en torno de sus libros lo han conmovido?
-Me conmueven los lectores a secas, los que aún se atreven a leer el
Diccionario filosófico de Voltaire, que es una de las obras más amenas y
modernas que conozco. Me conmueven los jóvenes de hierro que leen a
Cortázar y a Parra, tal como los leí yo y como intento seguir
leyéndolos. Me conmueven los jóvenes que se duermen con un libro debajo
de la cabeza. Un libro es la mejor almohada que existe.
Fragmento del último reportaje antes de morir para la revista Playboy de Mejico, por Mónica Maristaín.
-Me conmueven los lectores a secas, los que aún se atreven a leer el Diccionario filosófico de Voltaire, que es una de las obras más amenas y modernas que conozco. Me conmueven los jóvenes de hierro que leen a Cortázar y a Parra, tal como los leí yo y como intento seguir leyéndolos. Me conmueven los jóvenes que se duermen con un libro debajo de la cabeza. Un libro es la mejor almohada que existe.
Fragmento del último reportaje antes de morir para la revista Playboy de Mejico, por Mónica Maristaín.
Donde la Osita le habla al Lobo y todo queda dicho para siempre.(relato)-Julio Cortazar y Carol Dunlop
La autopista soy yo, tú, nosotros, y cuando tu lengua busca la mía y se desenrrolla, caracol
en el caracol, tu lengua resbalando al infinito alargándose en el fondo de la boca, fragmento
del tiempo fragmentado, larga cinta de asfalto caliente y también yo caracol; tu lengua se
estira y soy un precipicio la trago y siguiendo esa fiebre sin fin tu rostro entra en mí, tu
pelo, tus ojos que pestañean de sorpresa, se creían afuera, hacen cosquillas al abrirse a la
altura de un calor interno, tú deslizándote hasta los codos, yo tragando tus nalgas sin que
cese el beso, el primero. Haciéndote lugar la oscuridad húmeda se entreabre y también tú a
la altura del vientre mil caracoles danzando gravemente en espiral, yo la otra concha de
caracol también.
Nos abrazamos siempre hasta perder el aliento, buscando el hálito más allá, tú
sumergido sin desaparecer de allí donde estás, tus ojos en mí y de frente donde la mirada se
ha vuelto reflejo de dos, de mil miradas, y me aspiras. Me sumerjo como una pescadora de
perlas, lengua, nada más que esta lengua que se deja atrapar, estirarse, arrastrando con ella
esa sed que jamás podremos saciar, todo el cuerpo que se adelgaza para resbalar a lo más
profundo, a lo más opaco, y difundirse en tu violenta suavidad. Buscamos todavía y
todavía; cómo no caer más allá de su, tu, mi lengua y del vértigo de los caminos que allí
llevan, siempre los mismos y sin embargo hay vías lentas, caminos fulgurantes.
Una luz que pasa, un camión, un toque de bocina; los asimilamos a su vez a la
asfixia, bocas selladas una contra otra, vuelco del afuera en el otro lado. Inventamos el aire
ahí donde sólo hay humedad, calor y una noche surcada de relámpagos, y yo trago todavía
tu codo, la otra nalga, tu sexo que resbala cálido y viviente en mí y que me tomará por mí
también, te penetrarás porque antes de rehusar el retorno a la superficie, apenas a tiempo o
quizá no a tiempo, la asfixia ya ha empezado sin duda, la inmovilidad del viaje nos ha
ahogado ya en estos efluvios de miel, de canela, a través de Fafner los vientos remueven
noches, siestas, mil gestos para alcanzarnos; nuevamente somos caracoles refugiados en un
caracol que viaja sobre el dorso de un pájaro sin alas, ¿será posible arribar algún día?
Cuando nuestros cuerpos ya han pasado el uno en el otro por la lengua, cuando eres ya
pájaro aleteando en mi pecho, serpiente ciñendo mis caderas del lado invisible de la piel, ni
una sola célula escapa, circunscrita desde el interior en el momento en que la negrura se
estría de estrellas verdes, es preciso, es preciso volver, respirar como casi ahogados pero
estamos ya ahogados, jamás se puede recuperar todo el cuerpo antes de que las bocas se
desgajen una de otra con la violencia de la estrangulación. Respirar, pero tan poco; te
sumes de nuevo, cómo quedar con esos cuerpos invertidos, vueltos como guantes
resbalando fuera de las manos que los retenían, y te sumes, y como delfines en un mar del
que ignoramos el fondo y las corrientes resbalamos el uno contra el otro, el uno en y
alrededor del otro, y como tiburones ola tras ola hendida para desgarrar eso que queda de
una realidad que busca otra cosa que este ritmo.
Desde el comienzo del viaje, de todos los viajes, mesurando el tiempo desmesurado
de una cresta a otra.
Y en el húmedo abandono del agotamiento, el sosiego, el caracol de caparazón de
pelusa, tu rostro de adolescente que brilla en su última fatiga, y de nuevo con una mano
cansada pero que el reflujo de una próxima ola todavía imperceptible mueve ya, me
dibujas, las caderas, los senos, las nalgas, y ese dibujo, don de ti a mí, me regalas todavía
una vez el único regalo que puedo abandonarte enteramente y hasta el lago de sueño que
nos mecerá.
Con una voz quebrada, más de una vez, me has dicho: «Eres tan joven.» No te
equivocabas, pero qué velo te ha impedido ver todos esos años que también yo llevo
conmigo, años de una edad mucho mayor que
—¡No me hables del tiempo!
Pero sí, hablemos, nosotros que no somos niños; estamos, estamos en el tiempo
como en este viaje: dentro. ¿Es que no ves que no hay ya cuatro ni tres ni dos tiempos?
Tantas veces me he precipitado en el abismo negro que sé caminar en la oscuridad.
Y cortar mil veces, diez mil veces seguidas la cabeza de la hidra, sin hacerme la ilusión de
que le impido proseguir todavía y siempre su siniestro crecimiento. Años creyendo o no en
un nacimiento hecho para permitirle a la muerte tomar el sol, otros para teñirla de colores
violentos: nos reconocemos.
Por el momento, gran lobo marino, bogamos sobre un agua calma, clara, sólo
agitada por visiones de riberas donde horrores, torturas y guerras se agitan y nos acechan.
Pero nuestras olas sólo forman una vasta ondulación que respira al ritmo de nuestra locura.
Luz, y la oscura pasión que nos empujará hasta el fin, siempre hasta el fin y más lejos. Allí
donde te estrecho como si nuestras pieles fueran a disolverse al contacto de una con otra,
hacer de nosotros un solo ser invisible.
Tu voz es clara, pero cuando viene ese velo de tristeza, cuando apenas empezado el
viaje dudas nuevamente de su término, ¿cómo callarme, y cómo hablar? A su tiempo esa
tristeza, mi amor, a su tiempo todavía lejano y doble. Por grande que sea la oscuridad, no
hay negrura que me haga retroceder.
Tú, y todavía tú.
A fuerza de nadar en las grandes aguas negras, se aprende a flotar en la oscuridad.
Boya de las peores tinieblas. Excluida? ya las vejeces humillantes, las pesadillas sanitarias;
y el resto no es para ahora y ya no hay más soledad posible. ¿No has comprendido qué
regalo de vida fue que no murieras hace un año? Corte. Partida. Y lo desconocido que se
tiende por muchos años todavía, si quieres explorarlo con tus ojos de niño. Dulce confusión cuando el suelo tiembla al sol y vibras contra en alrededor de mi
cuerpo.
No abandonaremos la autopista en Marsella, mi amor, ni en ninguna parte. No hay
otra vuelta atrás que en espiral.

en el caracol, tu lengua resbalando al infinito alargándose en el fondo de la boca, fragmento
del tiempo fragmentado, larga cinta de asfalto caliente y también yo caracol; tu lengua se
estira y soy un precipicio la trago y siguiendo esa fiebre sin fin tu rostro entra en mí, tu
pelo, tus ojos que pestañean de sorpresa, se creían afuera, hacen cosquillas al abrirse a la
altura de un calor interno, tú deslizándote hasta los codos, yo tragando tus nalgas sin que
cese el beso, el primero. Haciéndote lugar la oscuridad húmeda se entreabre y también tú a
la altura del vientre mil caracoles danzando gravemente en espiral, yo la otra concha de
caracol también.
Nos abrazamos siempre hasta perder el aliento, buscando el hálito más allá, tú
sumergido sin desaparecer de allí donde estás, tus ojos en mí y de frente donde la mirada se
ha vuelto reflejo de dos, de mil miradas, y me aspiras. Me sumerjo como una pescadora de
perlas, lengua, nada más que esta lengua que se deja atrapar, estirarse, arrastrando con ella
esa sed que jamás podremos saciar, todo el cuerpo que se adelgaza para resbalar a lo más
profundo, a lo más opaco, y difundirse en tu violenta suavidad. Buscamos todavía y
todavía; cómo no caer más allá de su, tu, mi lengua y del vértigo de los caminos que allí
llevan, siempre los mismos y sin embargo hay vías lentas, caminos fulgurantes.
Una luz que pasa, un camión, un toque de bocina; los asimilamos a su vez a la
asfixia, bocas selladas una contra otra, vuelco del afuera en el otro lado. Inventamos el aire
ahí donde sólo hay humedad, calor y una noche surcada de relámpagos, y yo trago todavía
tu codo, la otra nalga, tu sexo que resbala cálido y viviente en mí y que me tomará por mí
también, te penetrarás porque antes de rehusar el retorno a la superficie, apenas a tiempo o
quizá no a tiempo, la asfixia ya ha empezado sin duda, la inmovilidad del viaje nos ha
ahogado ya en estos efluvios de miel, de canela, a través de Fafner los vientos remueven
noches, siestas, mil gestos para alcanzarnos; nuevamente somos caracoles refugiados en un
caracol que viaja sobre el dorso de un pájaro sin alas, ¿será posible arribar algún día?
Cuando nuestros cuerpos ya han pasado el uno en el otro por la lengua, cuando eres ya
pájaro aleteando en mi pecho, serpiente ciñendo mis caderas del lado invisible de la piel, ni
una sola célula escapa, circunscrita desde el interior en el momento en que la negrura se
estría de estrellas verdes, es preciso, es preciso volver, respirar como casi ahogados pero
estamos ya ahogados, jamás se puede recuperar todo el cuerpo antes de que las bocas se
desgajen una de otra con la violencia de la estrangulación. Respirar, pero tan poco; te
sumes de nuevo, cómo quedar con esos cuerpos invertidos, vueltos como guantes
resbalando fuera de las manos que los retenían, y te sumes, y como delfines en un mar del
que ignoramos el fondo y las corrientes resbalamos el uno contra el otro, el uno en y
alrededor del otro, y como tiburones ola tras ola hendida para desgarrar eso que queda de
una realidad que busca otra cosa que este ritmo.
Desde el comienzo del viaje, de todos los viajes, mesurando el tiempo desmesurado
de una cresta a otra.
Y en el húmedo abandono del agotamiento, el sosiego, el caracol de caparazón de
pelusa, tu rostro de adolescente que brilla en su última fatiga, y de nuevo con una mano
cansada pero que el reflujo de una próxima ola todavía imperceptible mueve ya, me
dibujas, las caderas, los senos, las nalgas, y ese dibujo, don de ti a mí, me regalas todavía
una vez el único regalo que puedo abandonarte enteramente y hasta el lago de sueño que
nos mecerá.
Con una voz quebrada, más de una vez, me has dicho: «Eres tan joven.» No te
equivocabas, pero qué velo te ha impedido ver todos esos años que también yo llevo
conmigo, años de una edad mucho mayor que
—¡No me hables del tiempo!
Pero sí, hablemos, nosotros que no somos niños; estamos, estamos en el tiempo
como en este viaje: dentro. ¿Es que no ves que no hay ya cuatro ni tres ni dos tiempos?
Tantas veces me he precipitado en el abismo negro que sé caminar en la oscuridad.
Y cortar mil veces, diez mil veces seguidas la cabeza de la hidra, sin hacerme la ilusión de
que le impido proseguir todavía y siempre su siniestro crecimiento. Años creyendo o no en
un nacimiento hecho para permitirle a la muerte tomar el sol, otros para teñirla de colores
violentos: nos reconocemos.
Por el momento, gran lobo marino, bogamos sobre un agua calma, clara, sólo
agitada por visiones de riberas donde horrores, torturas y guerras se agitan y nos acechan.
Pero nuestras olas sólo forman una vasta ondulación que respira al ritmo de nuestra locura.
Luz, y la oscura pasión que nos empujará hasta el fin, siempre hasta el fin y más lejos. Allí
donde te estrecho como si nuestras pieles fueran a disolverse al contacto de una con otra,
hacer de nosotros un solo ser invisible.
Tu voz es clara, pero cuando viene ese velo de tristeza, cuando apenas empezado el
viaje dudas nuevamente de su término, ¿cómo callarme, y cómo hablar? A su tiempo esa
tristeza, mi amor, a su tiempo todavía lejano y doble. Por grande que sea la oscuridad, no
hay negrura que me haga retroceder.
Tú, y todavía tú.
A fuerza de nadar en las grandes aguas negras, se aprende a flotar en la oscuridad.
Boya de las peores tinieblas. Excluida? ya las vejeces humillantes, las pesadillas sanitarias;
y el resto no es para ahora y ya no hay más soledad posible. ¿No has comprendido qué
regalo de vida fue que no murieras hace un año? Corte. Partida. Y lo desconocido que se
tiende por muchos años todavía, si quieres explorarlo con tus ojos de niño. Dulce confusión cuando el suelo tiembla al sol y vibras contra en alrededor de mi
cuerpo.
No abandonaremos la autopista en Marsella, mi amor, ni en ninguna parte. No hay
otra vuelta atrás que en espiral.

Agradecimiento del estuche a Javier Goded
Facundo Cabral
EL
http://www.youtube.com/watch?v=MqIuDyzM70g
No soy de aqui ni soy de allá
http://www.youtube.com/watch?v=xD3G6eM3tPI
El
trovador tenía setenta y cuatro años pero conservaba su figura
elegante. Vestía jeans, suéter azul y chaqueta café y ocultaba sus ojos,
que ya no veían bien, tras unas gafas de vidrio de botella del mismo
color. Facundo Cabral pisó con parsimonia el escenario del Teatro Roma
de Xela, Guatemala, en la fría noche del 7 de julio de 2011. En una mano
portaba un bastón de madera y en la otra la guitarra, la inseparable.
Se sentó en una silla y comenzó a desplegar un repertorio que había
acompañado media vida a gente como Raúl Barreno, que lo contemplaba
hipnotizado desde una butaca en la décima fila. Hacía diez años que
había asistido en el mismo lugar a un concierto del argentino, pero le
parecía como si lo escuchara por primera vez.
Durante poco más de una hora Cabral compartió su fidelidad al amor, a Dios y a su madre, a la que recordó como siempre: "Mi madre era una mujer grandiosa, divina, durísima, porque cuando tenía nueve años, cuando me fui, me dijo que ése era el último regalo que me daba. El primero había sido la vida y el segundo, y último, la libertad para vivirla". Recitó "Mi pobrecito patrón" y "Éste es un nuevo día", canciones que hablan del amor y la convivencia a pesar de haber sido un niño alcohólico, sufrir la cárcel y después el exilio. "Porque uno no vive solo y lo que a uno le pasa le está sucediendo al mundo, única razón y causa", susurraba en la introducción de "No soy de aquí, ni soy de allá". Ése fue el tema que cerró el concierto.
Antes de rasgar los últimos acordes, Cabral se levantó por un instante y encorvándose para reverenciar al público, se despidió:
—Gracias por la amistad de tantos años. Sepan que fueron una parte importante de mi felicidad. Sepan que los voy a llevar en mi corazón hasta el momento final.
Al bajarse el telón, Facundo Cabral dejó de recitar para siempre. Fue su última actuación. Su voz se esfumó dos días después cuando fue acribillado en un coche camino al aeropuerto de la ciudad de Guatemala.
Sobre la pared de la sala de Henry Fariñas colgaba un cuadro en el que aparecía Facundo Cabral juntó a él, su esposa y sus dos hijos. En el librero guardaba los discos del argentino, e incluso coleccionaba los libros y entrevistas en las que era protagonista al que llamaba "maestro". Hacía años que eran amigos y Fariñas, un empresario nicaragüense del mundo del espectáculo, había llevado a Cabral a Nicaragua en varias ocasiones y gestionado otros conciertos en Centroamérica, entre ellos el último celebrado en Xela. La íntima relación que los unía llevó a este hombre de cuarenta y dos años, de pelo chino y ojos negros, a estar presente en los últimos momentos de la vida del cantautor. Aquel 9 de julio de 2011, Fariñas insistió en llevarlo al aeropuerto en su Range Rover blanco, el mismo que apenas unos minutos después sería baleado por veinticinco disparos, tres de los cuales matarían a Cabral. Fariñas sobreviviría.
Cuando todavía dos mil personas lloraban en la ciudad de Guatemala al artista en la escena del crimen, Fariñas testificó que el autor intelectual del asesinato había sido Alejandro Jiménez, un supuesto narcotraficante costarricense que lo quería muerto por haberse negado a venderle el Elite Night Club, el antro nocturno que regentaba en Managua. En el momento en que se presentaba al mundo como un empresario y promotor musical honrado, víctima de la coacción del narco, el teniente José León Gadea y el inspector Pedro Manuel Sánchez, de la policía de Nicaragua, ya lo tenían fichado. Desde 2010 le seguían la pista por pertenecer a una organización de tráfico de drogas internacional.
Ese año, según la investigación, Fariñas entró a formar parte de la red liderada por Gabriel Maldonado Siller, un ex policía federal mexicano, el colombiano Francisco García, alias El Fresa, y Alejandro Jiménez, El Palidejo. Precisamente en el Elite Night Club, en sesiones privadas de mujeres, alcohol y miles de dólares, Fariñas trabó amistad con El Palidejo, quien depositó su confianza en él para gestionar la ruta en Nicaragua. La relación fructificó durante un año. No era extraño ver a Fariñas visitando a su amigo en Costa Rica, quien lo presentaba como un allegado a la familia.
En mayo de 2011, sin embargo, la ambición lo perdió. Las autoridades nicaragüenses capturaron a Siller y desmantelaron su banda, Los Charros. Fariñas, según las investigaciones policiales, aprovechó el descabezamiento de la organización para robar mercancía e intentar venderla por su cuenta. El Palidejo, según las autoridades, decidió vengarse.
Catorce meses después del asesinato de Facundo Cabral, la justicia nicaragüense condenó a Fariñas a treinta años de prisión, la pena máxima, por tráfico internacional de drogas, lavado de dinero y crimen organizado.
Cuando veía la sotana blanca asomarse por el pasillo, Alejandro Jiménez se escondía inmediatamente. Todos los alumnos del Colegio Claretiano (Alajuela, Costa Rica), conocían la fama del padre Praxas Morillo, un ex boxeador que acostumbraba abofetear a los jóvenes que se portaban mal. Más de una vez le tocaron los golpes, como aquella ocasión en que puso una tachuela en el asiento de un profesor.
En un salón gigante, lleno de escritorios de madera, donde cuarenta jóvenes entre trece y quince años, vestidos con camisa blanca y pantalón negro, leen la Biblia en silencio, se crió El Palidejo. Era un chico alto, muy delgado, que siempre portaba un reloj negro deportivo y lucía un peinado de puntas lleno de gel, al estilo de los New Kids on the Block, el grupo juvenil que causaba sensación a finales de los años ochenta. "Era muy promedio: ni brillante, ni problemático. Jugaba básquet. Era muy tranquilo, nada agresivo, ni mal hablado, ni vicioso... nunca destacó por nada", recuerda Juan Fernando Varas, compañero en la escuela durante más de quince años. En un colegio de hombres, "de ambiente hostil y violento", Alejandro se caracterizaba por ser un niño callado que rehuía los conflictos.
NO
ESTÁS DEPRIMIDO, ESTÁS DISTRAIDO
por Facundo Cabral
No estás deprimido, estás distraído, distraído de la vida que te puebla.
Distraído de la vida que te rodea: Delfines, bosques, mares, montañas, ríos.
No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano cuando en el mundo hay 5,600 millones.
Además, no es tan malo vivir solo. Yo la paso bien, decidiendo a cada instante lo que quiero hacer, y gracias a la soledad me conozco; algo fundamental para vivir.
No caigas en lo que cayó tu padre, que se siente viejo porque tiene 70 años, olvidando que Moisés dirigía el éxodo a los 80 y Rubistein interpretaba como nadie a Chopin a los 90. Sólo citar dos casos conocidos.
No estás deprimido, estás distraído, por eso crees que perdiste algo, lo que es imposible, porque todo te fue dado. No hiciste ni un sólo pelo de tu cabeza por lo tanto no puedes ser dueño de nada.
Además la vida no te quita cosas, te libera de cosas. Te aliviana para que vueles más alto, para que alcances la plenitud. De la cuna a la tumba es una escuela, por eso lo que llamas problemas son lecciones. No perdiste a nadie, el que murió simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón. ¿Quién podría decir que Jesús está muerto? No hay muerte: hay mudanza. Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Michelangelo, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuela y mi madre, que creía que la pobreza está más cerca del amor, porque el dinero nos distrae con demasiadas cosas, y nos aleja por que nos hace desconfiados.
Haz sólo lo que amas y serás feliz, y el que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser será, y llegará naturalmente. No hagas nada por obligación ni por compromiso, sino por amor. Entonces habrá plenitud, y en esa plenitud todo es posible. Y sin esfuerzo porque te mueve la fuerza natural de la vida, la que me levantó cuando se cayó el avión con mi mujer y mi hija; la que me mantuvo vivo cuando los médicos me diagnosticaban 3 ó 4 meses de vida. Dios te puso un ser humano a cargo, y eres tú mismo. A ti debes hacerte libre y feliz, después podrás compartir la vida verdadera con los demás. Recuerda a Jesús: "Amarás al prójimo como a ti mismo".
Reconcíliate contigo, ponte frente al espejo y piensa que esa criatura que estás viendo es obra de Dios; y decide ahora mismo ser feliz porque la felicidad es una adquisición.
Además, la felicidad no es un derecho sino un deber porque si no eres feliz, estás amargando a todo el barrio. Un sólo hombre que no tuvo ni talento ni valor para vivir, mando matar seis millones de hermanos judíos. Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Tenemos para gozar la nieve del invierno y las flores de la primavera, el chocolate de la Perusa, la baguette francesa, los tacos mexicanos, el vino chileno, los mares y los ríos, el fútbol de los brasileros, Las Mil y Una Noches, la Divina Comedia, el Quijote, el Pedro Páramo, los boleros de Manzanero y las poesías de Whitman, Mäiller, Mozart, Chopin, Beethoven, Caraballo, Rembrandt, Velásquez, Picasso y Tamayo, entre tantas maravillas.
Y si tienes cáncer o SIDA, pueden pasar dos cosas y las dos son buenas; si te gana, te libera del cuerpo que es tan molesto: tengo hambre, tengo frío, tengo sueño, tengo ganas, tengo razón, tengo dudas ... y si le ganas, serás más humilde, más agradecido, por lo tanto, fácilmente feliz. Libre del tremendo peso de la culpa, la responsabilidad, y la vanidad, dispuesto a vivir cada instante profundamente como debe ser.
No estás deprimido, estás desocupado. Ayuda al niño que te necesita, ese niño será socio de tu hijo. Ayuda a los viejos, y los jóvenes te ayudarán cuando lo seas. Además el servicio es una felicidad segura, como gozar a la naturaleza y cuidarla para el que vendrá. Da sin medida y te darán sin medidas.
Ama hasta convertirte en lo amado, más aún hasta convertirte en el mismísimo amor. Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas, el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso, una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que le destruyan hay millones de caricias, que alimentan la vida.
Pocas cosas tan bellas he recibido como estas palabras, que me parecen salidas no sólo de una alma buena, pero sobre todo muy humana. Ojalá y lo disfrutes tanto como yo y ojalá y todos los practiquemos. ¡A vivir se ha dicho! Y ¡Menos quejas! ¿No crees?.
P+agina Oficial
www.blogger.com/blogger.g?blogID=7749627651542067337#editor/target=post;postID=19992728933348774
Reflexiones graciosas
http://www.youtube.com/watch?v=qG9yyCgdAxc
ANECDOTAS DE FACUNDO CABRAL CONTADAS POR EL MISMO Tomado de la página oficial: http://www.facundocabral.net "El ahijado" El poeta indio Tagore, que bautizara "mahatma", es decir, alma grande, a Ghandi, decía que cuando el hombre trabaja, Dios lo respeta, más cuando el hombre canta Dios lo ama. Mi madre poco antes de morir, me dijo: muero contenta porque cada vez te pareces más a lo que cantas. Juan Francisco, mi ahijado, dice, a sus dos años de edad, que soy artista porque canto, y que canto para poder comprarle chocolates, que es lo más razonable que escuché sobre mi oficio. Borges Cuando le pregunté a Borges porqué no había libros suyos en su biblioteca, me dijo: porque sigo teniendo el hábito de la buena lectura. Cuando le pregunte qué le había parecido Arreola, que acababa de visitarlo, me dijo: es un verdadero caballero, me dejó dos o tres silencios. Cuando le pregunté por Cien años de soledad, que le habían leído, me dijo: los primeros cincuenta años son memorables... Al verme asombrado por su presencia en mi concierto, Ray Bradbury me dijo: me asombra que se asombre de encontrar un Bradbury viniendo de un país que tiene un Borges que es asombroso. La Madre Teresa de Calcuta Pregunté a la Madre Teresa en Calcuta: ¿cuándo descansa? y me dijo: Descanso en el amor. Le pregunté: ¿cuál es el lugar del hombre? y me dijo: Donde sus hermanos lo necesitan. Le dije: nunca la escuche hablar de política, y me dijo: Yo no puedo darme el lujo de la política, una sola vez me detuve 5 minutos a escuchar un politico, y en esos 5 minutos se me murió un viejecito en Calcuta. Cada vez que yo entraba a la casa de la Madre Teresa, sentía que Dios recién había salido. Una señora, impresionada por verla bañar a un leproso, le dijo: yo no bañaría a un leproso ni por un millón de dolares, a lo que Teresa contestó: Yo tampoco porque a un leproso solo se lo puede bañar por amor. El viejo Tarahumara, el campesino chino Pregunté a un viejo Tarahumara porqué no usaban armas para defenderse de los cuatreros, y me dijo: Si las armas fuesen necesarias, habríamos nacido con ellas. Me dijo un campesino chino: Si quieres ser felíz un día emborrachate, si quieres ser felíz una semana cásate, si quieres ser felíz toda la vida se jardinero. El maestro Rubinstein En el Campo di Fiore, en el trastevere romano lo encontré, dándole migajas a las palomas. Le pregunté: ¿Usted es el que yo creo? y me dijo: Yo soy el que tú quieras. Le pregunté: ¿Usted es el maestro? Y me dijo: No, maestro es el que te puso delante de mi y a mi delante de ti. Yo soy Arthur Rubinstein. El regalo de la libertad Cuando me fuí de mi casa, niño aún, mi madre me acompañó a la estación, y cuando subí al tren me dijo: Este es el segundo y último regalo que puedo hacerte, el primero fue darte la vida, el segundo la libertad para vivirla. La oración dilecta de mi madre decía: Señor, te pido perdón por mis pecados, ante todo por haber peregrinado a tus muchos santuarios, olvidando que estás presente en todas partes. En segundo lugar, te pido perdón por haber implorado tantas veces tu ayuda, olvidando que mi bienestar te preocupa más a ti que a mi. Y por último te pido perdón por estar aquí pidiéndote que me perdones, cuando mi corazón sabe que mis pecados son perdonados antes que los cometa, ¡ tanta es tú misericordia amado Señor!. La mayoría es buena gente Alguna vez me preguntó mi madre: ¿cuándo vas a dejar de pelear para comenzar a vivir?, ¡porque no se pueden hacer las dos cosas a la vez!. Mi madre creía que que el día del Juicio Final el Señor no nos juzgará uno por uno -ardua tarea- sino el promedio, y si juzga el promedio estamos salvados porque la mayoría es buena gente. El bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso -una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, hay millones de caricias que construyen la vida-. Diría mi madre: Si los malos supieran qué buen negocio es ser bueno, serían buenos aunque sea por negocio.
Facundo Cabral nació en un puerto argentino en mil novecientos treinta y siete, y desde que aprendió a caminar no se detuvo jamás. Cuando se fue de su casa, niño aún, su madre lo acompañó a la estación y, cuando se subió al tren, le dijo: este es el segundo y último regalo que puedo hacerte, el primero fue darte la vida, el segundo libertad para vivírla, y Facundo cuidó de esa libertad como nadie, por eso es uno de los pocos hombres independientes que anda por este planeta, un lobo estepario que pasa por las ciudades para excitar a la gente. Con los años, y casi todo el mundo recorrido, su fuego ganó en calidad porque antes quemaba y ahora ilumina, tanto que muchos dejan las drogas o la idea del suicidio después de escucharlo. Nunca se detuvo en ningún lugar, ni en la fama que, dice, es asunto de los demás, no mío, porque yo vivo no vivo ni con ella ni por ella, la fama es un bullicio que sucede fuera de mi. LOS MEJORES CITAS Y PENSAMIENTOS DE FACUNDO CABRAL “ Cada mañana es una buena noticia, cada niño que nace es una buena noticia, cada hombre justo es una buena noticia, cada cantor es una buena noticia, porque cada cantor, es un soldado menos. Todo esto y mucho más, lo aprendí de mi madre, se llamaba Sara, la elegí como madre por la misma razón por la que Dios la eligió como hija. Nunca pudo aprender nada puesto que, cada vez que estaba por aprender, llegaba la felicidad y la distraía. Nunca usó agenda porque hacía sólo lo que amaba y eso, se lo recordaba el corazón. Se dedicó sólo a vivir y no le quedó tiempo para otra cosa.” “ Me marché del pueblo dejando una novia. Muchos años después, al volver, me encontré una cuñada. Me quedé mirándola y, al ver lo que había hecho el tiempo con ella, me acerqué a mi hermano y le dije: ¡ Gracias¡. En aquella ocasión, mi hermano, acudió borracho a una fiesta del pueblo y sacó a bailar a una gorda vestida de negro, la que le dijo: No quiero bailar con usted por tres razones, porque usted está borracho, porque no sé bailar y porque soy ¡¡ el obispo¡¡¡.” “ Me sorprendí cuando los periodistas corrieron a la casa de la madre de García Márquez, tras haber ganado éste el Nóbel. Todos estaban deseosos de conocer la opinión de la madre de Gabo, a lo que la señora les contestó: Yo no se nada de literatura, yo sólo sé que el Gabo tiene mucha memoria porque todo eso que escribió se lo contaron. Esto me recuerda al inefable Juan Rulfo, cuando las gentes le pedían, casi le reclamaban del porque no escribía, a lo que él respondió: No escribo porque la gente que me contaba las cosas, se murió.” “ Me gusta volver a Roma, principalmente al Trastébere. Una tarde de otoño me encontré, en el Campo di Fiori con un señor al que todos quisimos mucho. Le estaba echando migas a las palomas. En aquella época el maestro tenía 88 años. Estaba allí, con su mujer. No me pude resistir; me acerqué y le dije: Es usted quíen yo creo ?. Me contestó. ¡Yo soy el que tú quieras!. Entonces le dije: ¡Es usted el maestro!. A lo que me respondió, el maestro es el que te puso a ti delante de mí, y a mí delante de ti, yo sólo soy Arthur Rubistéin. “ Me gusta volver a México, allí, en San Cristóbal de las Casas acudí al templo donde oran los Chamulas y me quedé perplejo. Cambiaron las ofrendas. Ahora le llevan al templo huevos de gallina y Pepsi-Cola. ¡ Como si Dios no supiera que no hay nada como la Coca-Cola¡. “ Un día me dijo Alberto Cortez: “ Facundo: vos sabés porque los argentinos hasta los cuarenta años somos engreídos, petulantes, soberbios. ¿ Sabes por qué?. ¡ Porque a partir de los cuarenta somos perfectos¡”. Y yo le dije: ¡ Gracias, Alberto¡ “ Me apasiona volver a Guadalajara. México es como mi casa. La Guadalajara de Arriola. Me encanta escuchar al maestro Juan José Arriola. Él me dijo un día: “ Nosotros, que somos buenas gentes, vamos a tener muchos hijos para que los malos no nos sigan ganando las elecciones.” Me gusta volver a la Guadalajara del Chente Fernández, que me dijo un día: “ Hay dos cosas que un buen charro debe tener; una buena vieja y una buena mula, eso sí, que la mula no sea muy vieja y que la vieja no sea muy mula.” “ Dios tomó forma de mendigo y bajó al pueblo para acercarse a la casa del zapatero en que le dijo: “ Hermano, soy muy pobre, no tengo una sola moneda encima y mis sandalias están rotas, si tu me hicieras el favor.” A lo que el zapatero le respondió: “ Aquí todo el mundo viene a pedir y nadie a dar.” Dios le dijo: “ Yo puedo darte todo aquello que tú necesites.” ¿ Tú podrías darme un millón de dólares para que yo fuera feliz?. Yo puedo darte diez veces más que eso a cambio de algo; a cambio de tus piernas. A lo que el zapatero le respondió: “ Para qué quiero yo diez millones de dólares si no voy a poder caminar sólo”. Puedo darte, continuaba el Señor, cien millones de dólares a cambio de tus brazos. El zapatero, inquieto le dijo: “¿ Qué puedo hacer yo con cien millones de dólares si no voy a poder comer solo?.” El Señor le hizo la última tentativa al zapatero. Te voy a dar mil millones de dólares a cambio de tus ojos. El zapatero, asustado ante el mendigo le respondió: “ Qué hago yo con mil millones de dólares si no puedo ver a mi mujer, a mis hijos, a mis amigos.” El señor le dijo: “ Ah, hermano, hermano, qué fortuna tienes y no te das cuenta”. “ Mi hermano trabajaba en correos y un día le pidió dos horas de permiso a su jefe y éste se las negó. Mi hermano le dijo: “ Mire usted, es que voy a ser padre. El jefe le dijo, haber empezado por ahí. Tómese el tiempo que quiera y que le vaya bien. Como a las cinco horas regresaba mi hermano y el jefe le dijo: “ ¡Qué, niño o niña?. “ Que se yo, viejo, ahora hay que esperar nueve meses.” “ Mi abuelo era un genio para los números. Pasábamos un día por un campo y me dijo; “ Ahí hay trescientas ochenta y cuatro vacas.”. Yo, estupefacto le pregunté: ¿ Cómo haces para saber tanto de números, para saber con exactitud el número total de vacas?. Muy sencillo: cuento el total de las patas y las divido por cuatro. “ Un marinero le dijo a mi abuelo: “ Si me das cuatro hierros te construyo un barco.” Y mi abuelo le respondió: “ Si tú me das a tu hermana, te hago la tripulación.” “ Mi hermano fue comunista hasta que el capitalismo le dio una oportunidad. Y es comprensible: el joven que no es socialista no tiene futuro y el adulto que no es conservador es que no tiene cabeza. Mi hermano decía que el dinero no hace la felicidad, pero la pobreza menos, así que decidió pasar esta desdicha que es la vida, con comodidad.”. “ Mi sobrino escuchó a su padre que un día le dijo: “ Siéntate ahí que vamos hablar del sexo.” Mi sobrino, con doce años, se quedó mirando a su padre y le dijo: “ ¿Qué quieres que te explique, papá?” “ Estábamos un día en Nueva York y, a la salida del teatro Lincon Center, se me acercó un periodista y me espetó: “ Señor CabraL. Yo estoy de acuerdo en todo lo que usted ha dicho esta noche, excepto en que Dios es siempre justo. Si Dios fuera siempre justo, usted debería tener tanto difusión, tanto éxito como Julio Iglesias.” A lo que yo le respondí: “ Claro que Dios es siempre justo. Julio Iglesias tiene más difusión, más éxito que yo puesto que necesita del dinero mucho más que yo para vivir. Yo, que necesito más libertad que Julio para vivir, por eso Dios me hizo más libre.” “ América, Estados Unidos, es el único lugar del mundo donde uno puede ser un mal actor y un mal presidente, todo a la vez. Allí, en Estados Unidos, los negros se hacen boxeadores para poder pegarles a los blancos ¡¡ legalmente¡¡. “ Mi tío, que sabia casi todo, me dijo un día: “ Si nos sacaran todas las pendejadas que nos han enseñado, por lo menos seríamos Octavio Paz.”. Mi tío me decía que fue seis años a la escuela, ¡ pero nunca entró¡. “ La gente es todo lo vieja que quiera ser. He visto algunas muchachas con 20 años y estar totalmente envejecidas, por el contrario, conozco a una muchachita con 83 años, Teresa de Calcuta, que nos enseña a vivir todos los días.”. “ Un negro en la nieve es un blanco perfecto.” “ Me contaba mi abuela en torno al día que murió Carlos Gardel. Esto ocurría en el año 1935. La noticia fue difundida por la radio. Se hicieron eco todos los barcos extranjeros anclados en el puerto de Buenos Aires. Se pusieron a sonar todas las sirenas al mismo tiempo, alguien dijo que en señal de duelo. ¿ Qué sentiste ante la muerte de Gardel, abuela?. A lo que ella me contestó: “ Caramba, ahora si que somos pobres de verdad¡”. “ Si amas al dinero a lo sumo llegarás a un banco, pero si amas a la vida, seguramente llegarás a Dios.” “ Me temo que Dios, a la hora del juicio final, nos juzgará por el promedio ya que, sería una ardua tarea juzgarnos uno por uno. No creo que Dios diga La Madre Teresa, 10 puntos, Margaret Tácher 2 puntos; no. Como digo, Dios nos juzgará por el promedio y, siendo así, estamos salvados ya que la mayoría son buena gente.” “ Un hombre que habla con las palomas no está loco, sino, benditamente enamorado.” “ La humanidad no es una caravana de desesperados, sino una bendita familia festejando el amor.” “ Pregunté a un viejo Tarahumara porque no usaban armas para defenderse de los cuatreros, y me dijo: “ Si las armas fueran necesarias, habríamos nacido con ellas.” “ Un campesino chino me dijo un día: “ Si quieres ser feliz un día emborráchate, si quieres ser feliz una semana, cásate, y si quieres ser feliz toda la vida, se jardinero.” “ Un día la pregunté a la Madre Teresa; ¿ Cuándo descansa?. A lo que ella me respondió: Yo descanso en el amor. Le dije, ¿ Madre, cual es el lugar del hombre?. Donde su hermano lo necesita. Ella, la Madre, a la que nunca le escuché hablar de política, un día le pregunté por qué?. Me dijo: Yo no puedo darme el lujo de la política, una vez estuve 5 minutos escuchando a un político y en ese tiempo se me murió un viejecito en Calcuta. Una señora al ver como la Madre Teresa curaba a un leproso se atrevió a decirle que ella no haría aquello por ningún dinero en el mundo. Y la Madre le respondió: “ Ni yo tampoco; esto lo hago por amor.”. Cada vez que yo entraba a la casa de la Madre Teresa, sentía que Dios recién había salido.” “ Mi madre, poco antes de morir me dijo: “ Muero contenta porque cada vez te pareces más a lo que cantas.” Juan Francisco, mi ahijado, dice, a sus dos años de edad, que soy artista porque canto, y que canto para poder comprarle chocolates, que es lo más razonable que escuché sobre mi oficio.” “ El poeta indio Tagore, que bautizara “Mahatma”, es decir, alma grande, a Gandhi, decía que cuando el hombre trabaja, Dios lo respeta, más cuando el hombre canta, Dios lo ama.” “ Al verme asombrado por su presencia en mi concierto, Ray Bradbury me dijo: “ Me asombra que se asombre de encontrar un Bradbury viniendo de un país que tiene un Borges que es asombroso.” “ Yo sigo siendo tan inocente que, me sigue alumbrando la bendita esperanza de que un día, los poetas gobernarán el mundo.” “ Me gusta volver al Ecuador y sentarme frente al Cotopaxi, el volcán sagrado, principalmente en sábado. Me gusta volver a Calcuta porque ese es el centro de la Madre Teresa. Me gusta volver a España, porque allí reina la alegría. “ Un día, al volver a mi pueblo me encontré a mi hermano llorando porque lo había abandonado su mujer. Mi madre me preguntó que cuantos habitantes habrán en el mundo. No lo se con exactitud, le dije, pero se calcula que habremos unos cinco mil doscientos millones de personas en el mundo. Y dijo mi madre: “ Y con tantos miles de millones de personas que hay en el mundo, hay algunos que lloran por uno solo. Es como si tuviera uno cinco mil millones de pesos y lloraras porque has perdido un peso.” “ Bienaventurado el Mahatma Gandhi que fue el que dijo que hace casi dos mil años que estamos festejando el amor; o sea, el nacimiento de Jesús, no el de Herodes.” “ Escapa de los que compran lo que no necesitan, con dinero que no tienen, para agradar a gente que no vale la pena.” “ Si los malos supieran lo buen negocio que es ser bueno, serían buenos, aunque sólo fuera por negocio.” “ El bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso. Una bomba hace mucho más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, existen millones de caricias que construyen la vida. “ Cuando me marché de mi casa, niño aún, tenía siete años, mi madre me acompañó a la estación, y cuando subí al tren me dijo: Este es el segundo y último regalo que puedo hacerte, el primero fue darte la vida y, el segundo, la libertad para vivirla.” “ La oración dilecta de mi madre decía: “ Señor, te pido perdón por mis pecados, ante todo por haber peregrinado a muchos santuarios, olvidando que estás presente en todas partes. En segundo lugar, te pido perdón por haber implorado tantas veces tu ayuda, olvidando que mi bienestar te preocupa más a ti que a mí. Y por último te pido perdón por estar aquí pidiéndote que me perdones, cuando mi corazón sabe que mis pecados son perdonados antes de que los cometa. ¡ Tanta es tu misericordia amado Señor¡”. “ La señora Indira Gandhi le encantaba desayunar conmigo, me invitaba muchas veces para que le contara historias de Eva Duarte, a la que admiraba de forma profunda, tanto como yo la admiré. Cuando ya le conté todo cuanto supe de Evita, comencé a inventarme bellas historias de ella, pensando que la señora Indira no se iba a dar cuenta. Un día, la señora Indira me dijo: “ Facundo, te espero mañana para desayunar, espero me sigas contando historias de Evita...., aunque sean inventadas.” “ La maestra de mi pueblo se llamaba Dorotea. Era muy respetada por todos. ¡ Por eso se marchó del pueblo, para ver si tenía más suerte!. “ Mi pueblo tenía una sola calle. Un día, un alcalde progresista, dijo que la calle sería de dirección única. Así que los que nos fuimos, nunca pudimos volver sin cometer una infracción." " Yo les digo a los pobres lo mismo que les digo a los ricos: Contar conmigo ya que, con amor todo es posible.” “ Un día me encontré a un mendigo sentado junto a un basurero, al que le pregunté cual era el mejor lugar del mundo, a lo que él me respondió: ¡ Este¡. Si aquí me trajo Dios, dudo que en el mundo hubiera encontrado un lugar mejor para mí.” “ La ignorancia es un modo inconsciente del mal.” " Mi abuelo persiguió a las muchachas hasta los noventa años. Pero ya no se acordaba para qué." " Usted bebe mucho, le dijo el médico a mi abuelo que tenía el mal de parkinson. Y mi abuelo le dijo: no crea se me cae bastante." " Somos hijos del amor, por lo tanto no es difícil sospechar que nacemos para la felicidad. Fuera de la felicidad son todo pretextos. Además debemos ser felices por nuestros hijos, pues nada hay como recordar padres felices." " Somos hermanos de Heráclito, aquel que sabía que no bajaremos dos veces al mismo río, porque no nos bañaremos dos veces en las mismas aguas. La vida es cambio constante." " Somos hermanos de Macedonio Fernández, el que decía: no creo en la vida de lo que no se ama ni en la muerte de lo amado." " Somos hermanos de Demócrito, el que se hizo quemar los ojos para poder pensar; porque decía que el mundo era tan bello que lo distraía." " Somos hermanos de la Madre Teresa, la que sabía que el lugar del hombre está donde sus hermanos le necesitan. ¡Vean que familia!." " El que no está dispuesto a perderlo todo, no está preparado para ganar nada." " La pobreza no es una virtud, salvo que favorezca tu libertad." " El conquistador por cuidar su conquista, se convierte en esclavo de lo que conquistó. Es decir, que jodiendo se jodió." " Por el mundo caminado, he podido comprobar que el que facílmente halaga, facílmente insultará." " El amor nunca se muere, sólo cambia de lugar." " La vida es el presente y eternamente lo has de gozar." " Tienes un cerebro como Einstein, tienes un corazón como Jesús, tienes dos manos como la Madre Teresa, tienes una voluntad como Moises, tienes un alma como Gandhi, tienes un espíritu como Buda. Entonces, cómo puedes sentirte pobre y desdichado." “ No hieras ni ofendas a nadie, pues de uno en otro, puede volver a tí convertido en una bomba." " No hay que ser pobre para alegrar a Dios, porque el Señor no tiene problemas sociales. Por eso el sol y la lluvia son para todos." " Dios te quiere féliz y para ser féliz hay que hacer lo que uno ama; porque el amor te acerca a todo, porque el amor es valiente; es la antítesis del miedo, que es el peor dictador" " Nunca voy con los que lloran y siempre con los que cantan. Los paisanos de mi pueblo cuando tienen un dolor, en lugar de andar llorando, cantan debajo del sol." " La sociedad humana esta tan mal por las fechorías de los malos, como por el silencio cómplice de los buenos." " Bienaventurado el que no cambia el sueño de su vida por el pan de cada día." " Bienaventurado el que sabe que compartir un dolor es dividirlo y compartir una alegría es multiplicarla." " Olvidar cosas malas, también es tener buena memoria, decía Martín Fierro. Yo digo: el olvido es una gentileza de Dios." " Lo mejor de uno son los otros. Esa gente que le puso alas a mi vida, imagen, que me transformó en esto que soy; un hombre rico, inmensamente rico, en la condición que sea y donde fuere." " Siempre, con lo que tengas, se puede, se debe empezar de nuevo. Tenemos el deber de ser felices." " El Señor no nos va a preguntar que hicimos con el dinero, sino qué hicimos con la alegría, inevitable para vivir." " La vida es hambre o festín. Tú eliges." " Para vivir mejor, hay que ser mejor. Nadie puede hacerlo por vos." ESTA LA PUERTA ABIERTA Está la puerta abierta, la vida está esperando con su eterno presente, con lluvia o bajo el sol. Está la puerta abierta, juntemos nuestros sueños para vencer al miedo que nos empobreció. La vida es encontrarnos, para eso nacemos, porque el punto más alto es llegar al amor. Y no hay amor de uno, sólo hay amor de todos, y por ese motivo estamos hoy aquí. Está la puerta abierta, la vida está esperando con su eterno presente, con lluvia o bajo el sol. Está la puerta abierta, juntemos nuestros sueños para vencer al miedo que nos empobreció. Iremos de uno en uno, después de pueblo en pueblo hasta rodear al mundo con la misma canción. Todas las cosas bellas comenzaron cantando, no olvides que tu madre cantando te acunó. Todas las cosas bellas comenzaron cantando, no olvides que tu madre cantando te acunó. Facundo Cabral
http://www.youtube.com/watch?v=MqIuDyzM70g
No soy de aqui ni soy de allá
http://www.youtube.com/watch?v=xD3G6eM3tPI
El hombre que mató a Facundo Cabral
El 9 de julio de 2011, Facundo Cabral murió acribillado en la Ciudad de
Guatemala. Ésta
es la historia de cómo se gestó el asesinato, y la de Alejandro Jiménez,
El Palidejo, el hombre que espera juicio en una cárcel guatemalteca
acusado de ser el autor intelectual del crimen.
Por Alejandra S. Inzunza y José Luis Pardo
| Una de las voces más importantes de América Latina. | |
Durante poco más de una hora Cabral compartió su fidelidad al amor, a Dios y a su madre, a la que recordó como siempre: "Mi madre era una mujer grandiosa, divina, durísima, porque cuando tenía nueve años, cuando me fui, me dijo que ése era el último regalo que me daba. El primero había sido la vida y el segundo, y último, la libertad para vivirla". Recitó "Mi pobrecito patrón" y "Éste es un nuevo día", canciones que hablan del amor y la convivencia a pesar de haber sido un niño alcohólico, sufrir la cárcel y después el exilio. "Porque uno no vive solo y lo que a uno le pasa le está sucediendo al mundo, única razón y causa", susurraba en la introducción de "No soy de aquí, ni soy de allá". Ése fue el tema que cerró el concierto.
Antes de rasgar los últimos acordes, Cabral se levantó por un instante y encorvándose para reverenciar al público, se despidió:
—Gracias por la amistad de tantos años. Sepan que fueron una parte importante de mi felicidad. Sepan que los voy a llevar en mi corazón hasta el momento final.
Al bajarse el telón, Facundo Cabral dejó de recitar para siempre. Fue su última actuación. Su voz se esfumó dos días después cuando fue acribillado en un coche camino al aeropuerto de la ciudad de Guatemala.
Sobre la pared de la sala de Henry Fariñas colgaba un cuadro en el que aparecía Facundo Cabral juntó a él, su esposa y sus dos hijos. En el librero guardaba los discos del argentino, e incluso coleccionaba los libros y entrevistas en las que era protagonista al que llamaba "maestro". Hacía años que eran amigos y Fariñas, un empresario nicaragüense del mundo del espectáculo, había llevado a Cabral a Nicaragua en varias ocasiones y gestionado otros conciertos en Centroamérica, entre ellos el último celebrado en Xela. La íntima relación que los unía llevó a este hombre de cuarenta y dos años, de pelo chino y ojos negros, a estar presente en los últimos momentos de la vida del cantautor. Aquel 9 de julio de 2011, Fariñas insistió en llevarlo al aeropuerto en su Range Rover blanco, el mismo que apenas unos minutos después sería baleado por veinticinco disparos, tres de los cuales matarían a Cabral. Fariñas sobreviviría.
Cuando todavía dos mil personas lloraban en la ciudad de Guatemala al artista en la escena del crimen, Fariñas testificó que el autor intelectual del asesinato había sido Alejandro Jiménez, un supuesto narcotraficante costarricense que lo quería muerto por haberse negado a venderle el Elite Night Club, el antro nocturno que regentaba en Managua. En el momento en que se presentaba al mundo como un empresario y promotor musical honrado, víctima de la coacción del narco, el teniente José León Gadea y el inspector Pedro Manuel Sánchez, de la policía de Nicaragua, ya lo tenían fichado. Desde 2010 le seguían la pista por pertenecer a una organización de tráfico de drogas internacional.
Ese año, según la investigación, Fariñas entró a formar parte de la red liderada por Gabriel Maldonado Siller, un ex policía federal mexicano, el colombiano Francisco García, alias El Fresa, y Alejandro Jiménez, El Palidejo. Precisamente en el Elite Night Club, en sesiones privadas de mujeres, alcohol y miles de dólares, Fariñas trabó amistad con El Palidejo, quien depositó su confianza en él para gestionar la ruta en Nicaragua. La relación fructificó durante un año. No era extraño ver a Fariñas visitando a su amigo en Costa Rica, quien lo presentaba como un allegado a la familia.
En mayo de 2011, sin embargo, la ambición lo perdió. Las autoridades nicaragüenses capturaron a Siller y desmantelaron su banda, Los Charros. Fariñas, según las investigaciones policiales, aprovechó el descabezamiento de la organización para robar mercancía e intentar venderla por su cuenta. El Palidejo, según las autoridades, decidió vengarse.
Catorce meses después del asesinato de Facundo Cabral, la justicia nicaragüense condenó a Fariñas a treinta años de prisión, la pena máxima, por tráfico internacional de drogas, lavado de dinero y crimen organizado.
Cuando veía la sotana blanca asomarse por el pasillo, Alejandro Jiménez se escondía inmediatamente. Todos los alumnos del Colegio Claretiano (Alajuela, Costa Rica), conocían la fama del padre Praxas Morillo, un ex boxeador que acostumbraba abofetear a los jóvenes que se portaban mal. Más de una vez le tocaron los golpes, como aquella ocasión en que puso una tachuela en el asiento de un profesor.
En un salón gigante, lleno de escritorios de madera, donde cuarenta jóvenes entre trece y quince años, vestidos con camisa blanca y pantalón negro, leen la Biblia en silencio, se crió El Palidejo. Era un chico alto, muy delgado, que siempre portaba un reloj negro deportivo y lucía un peinado de puntas lleno de gel, al estilo de los New Kids on the Block, el grupo juvenil que causaba sensación a finales de los años ochenta. "Era muy promedio: ni brillante, ni problemático. Jugaba básquet. Era muy tranquilo, nada agresivo, ni mal hablado, ni vicioso... nunca destacó por nada", recuerda Juan Fernando Varas, compañero en la escuela durante más de quince años. En un colegio de hombres, "de ambiente hostil y violento", Alejandro se caracterizaba por ser un niño callado que rehuía los conflictos.
por Facundo Cabral
No estás deprimido, estás distraído, distraído de la vida que te puebla.
Distraído de la vida que te rodea: Delfines, bosques, mares, montañas, ríos.
No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano cuando en el mundo hay 5,600 millones.
Además, no es tan malo vivir solo. Yo la paso bien, decidiendo a cada instante lo que quiero hacer, y gracias a la soledad me conozco; algo fundamental para vivir.
No caigas en lo que cayó tu padre, que se siente viejo porque tiene 70 años, olvidando que Moisés dirigía el éxodo a los 80 y Rubistein interpretaba como nadie a Chopin a los 90. Sólo citar dos casos conocidos.
No estás deprimido, estás distraído, por eso crees que perdiste algo, lo que es imposible, porque todo te fue dado. No hiciste ni un sólo pelo de tu cabeza por lo tanto no puedes ser dueño de nada.
Además la vida no te quita cosas, te libera de cosas. Te aliviana para que vueles más alto, para que alcances la plenitud. De la cuna a la tumba es una escuela, por eso lo que llamas problemas son lecciones. No perdiste a nadie, el que murió simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón. ¿Quién podría decir que Jesús está muerto? No hay muerte: hay mudanza. Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Michelangelo, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuela y mi madre, que creía que la pobreza está más cerca del amor, porque el dinero nos distrae con demasiadas cosas, y nos aleja por que nos hace desconfiados.
Haz sólo lo que amas y serás feliz, y el que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser será, y llegará naturalmente. No hagas nada por obligación ni por compromiso, sino por amor. Entonces habrá plenitud, y en esa plenitud todo es posible. Y sin esfuerzo porque te mueve la fuerza natural de la vida, la que me levantó cuando se cayó el avión con mi mujer y mi hija; la que me mantuvo vivo cuando los médicos me diagnosticaban 3 ó 4 meses de vida. Dios te puso un ser humano a cargo, y eres tú mismo. A ti debes hacerte libre y feliz, después podrás compartir la vida verdadera con los demás. Recuerda a Jesús: "Amarás al prójimo como a ti mismo".
Reconcíliate contigo, ponte frente al espejo y piensa que esa criatura que estás viendo es obra de Dios; y decide ahora mismo ser feliz porque la felicidad es una adquisición.
Además, la felicidad no es un derecho sino un deber porque si no eres feliz, estás amargando a todo el barrio. Un sólo hombre que no tuvo ni talento ni valor para vivir, mando matar seis millones de hermanos judíos. Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Tenemos para gozar la nieve del invierno y las flores de la primavera, el chocolate de la Perusa, la baguette francesa, los tacos mexicanos, el vino chileno, los mares y los ríos, el fútbol de los brasileros, Las Mil y Una Noches, la Divina Comedia, el Quijote, el Pedro Páramo, los boleros de Manzanero y las poesías de Whitman, Mäiller, Mozart, Chopin, Beethoven, Caraballo, Rembrandt, Velásquez, Picasso y Tamayo, entre tantas maravillas.
Y si tienes cáncer o SIDA, pueden pasar dos cosas y las dos son buenas; si te gana, te libera del cuerpo que es tan molesto: tengo hambre, tengo frío, tengo sueño, tengo ganas, tengo razón, tengo dudas ... y si le ganas, serás más humilde, más agradecido, por lo tanto, fácilmente feliz. Libre del tremendo peso de la culpa, la responsabilidad, y la vanidad, dispuesto a vivir cada instante profundamente como debe ser.
No estás deprimido, estás desocupado. Ayuda al niño que te necesita, ese niño será socio de tu hijo. Ayuda a los viejos, y los jóvenes te ayudarán cuando lo seas. Además el servicio es una felicidad segura, como gozar a la naturaleza y cuidarla para el que vendrá. Da sin medida y te darán sin medidas.
Ama hasta convertirte en lo amado, más aún hasta convertirte en el mismísimo amor. Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas, el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso, una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que le destruyan hay millones de caricias, que alimentan la vida.
Pocas cosas tan bellas he recibido como estas palabras, que me parecen salidas no sólo de una alma buena, pero sobre todo muy humana. Ojalá y lo disfrutes tanto como yo y ojalá y todos los practiquemos. ¡A vivir se ha dicho! Y ¡Menos quejas! ¿No crees?.
P+agina Oficial
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Reflexiones graciosas
http://www.youtube.com/watch?v=qG9yyCgdAxc
ANECDOTAS DE FACUNDO CABRAL CONTADAS POR EL MISMO Tomado de la página oficial: http://www.facundocabral.net "El ahijado" El poeta indio Tagore, que bautizara "mahatma", es decir, alma grande, a Ghandi, decía que cuando el hombre trabaja, Dios lo respeta, más cuando el hombre canta Dios lo ama. Mi madre poco antes de morir, me dijo: muero contenta porque cada vez te pareces más a lo que cantas. Juan Francisco, mi ahijado, dice, a sus dos años de edad, que soy artista porque canto, y que canto para poder comprarle chocolates, que es lo más razonable que escuché sobre mi oficio. Borges Cuando le pregunté a Borges porqué no había libros suyos en su biblioteca, me dijo: porque sigo teniendo el hábito de la buena lectura. Cuando le pregunte qué le había parecido Arreola, que acababa de visitarlo, me dijo: es un verdadero caballero, me dejó dos o tres silencios. Cuando le pregunté por Cien años de soledad, que le habían leído, me dijo: los primeros cincuenta años son memorables... Al verme asombrado por su presencia en mi concierto, Ray Bradbury me dijo: me asombra que se asombre de encontrar un Bradbury viniendo de un país que tiene un Borges que es asombroso. La Madre Teresa de Calcuta Pregunté a la Madre Teresa en Calcuta: ¿cuándo descansa? y me dijo: Descanso en el amor. Le pregunté: ¿cuál es el lugar del hombre? y me dijo: Donde sus hermanos lo necesitan. Le dije: nunca la escuche hablar de política, y me dijo: Yo no puedo darme el lujo de la política, una sola vez me detuve 5 minutos a escuchar un politico, y en esos 5 minutos se me murió un viejecito en Calcuta. Cada vez que yo entraba a la casa de la Madre Teresa, sentía que Dios recién había salido. Una señora, impresionada por verla bañar a un leproso, le dijo: yo no bañaría a un leproso ni por un millón de dolares, a lo que Teresa contestó: Yo tampoco porque a un leproso solo se lo puede bañar por amor. El viejo Tarahumara, el campesino chino Pregunté a un viejo Tarahumara porqué no usaban armas para defenderse de los cuatreros, y me dijo: Si las armas fuesen necesarias, habríamos nacido con ellas. Me dijo un campesino chino: Si quieres ser felíz un día emborrachate, si quieres ser felíz una semana cásate, si quieres ser felíz toda la vida se jardinero. El maestro Rubinstein En el Campo di Fiore, en el trastevere romano lo encontré, dándole migajas a las palomas. Le pregunté: ¿Usted es el que yo creo? y me dijo: Yo soy el que tú quieras. Le pregunté: ¿Usted es el maestro? Y me dijo: No, maestro es el que te puso delante de mi y a mi delante de ti. Yo soy Arthur Rubinstein. El regalo de la libertad Cuando me fuí de mi casa, niño aún, mi madre me acompañó a la estación, y cuando subí al tren me dijo: Este es el segundo y último regalo que puedo hacerte, el primero fue darte la vida, el segundo la libertad para vivirla. La oración dilecta de mi madre decía: Señor, te pido perdón por mis pecados, ante todo por haber peregrinado a tus muchos santuarios, olvidando que estás presente en todas partes. En segundo lugar, te pido perdón por haber implorado tantas veces tu ayuda, olvidando que mi bienestar te preocupa más a ti que a mi. Y por último te pido perdón por estar aquí pidiéndote que me perdones, cuando mi corazón sabe que mis pecados son perdonados antes que los cometa, ¡ tanta es tú misericordia amado Señor!. La mayoría es buena gente Alguna vez me preguntó mi madre: ¿cuándo vas a dejar de pelear para comenzar a vivir?, ¡porque no se pueden hacer las dos cosas a la vez!. Mi madre creía que que el día del Juicio Final el Señor no nos juzgará uno por uno -ardua tarea- sino el promedio, y si juzga el promedio estamos salvados porque la mayoría es buena gente. El bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso -una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, hay millones de caricias que construyen la vida-. Diría mi madre: Si los malos supieran qué buen negocio es ser bueno, serían buenos aunque sea por negocio.
Facundo Cabral nació en un puerto argentino en mil novecientos treinta y siete, y desde que aprendió a caminar no se detuvo jamás. Cuando se fue de su casa, niño aún, su madre lo acompañó a la estación y, cuando se subió al tren, le dijo: este es el segundo y último regalo que puedo hacerte, el primero fue darte la vida, el segundo libertad para vivírla, y Facundo cuidó de esa libertad como nadie, por eso es uno de los pocos hombres independientes que anda por este planeta, un lobo estepario que pasa por las ciudades para excitar a la gente. Con los años, y casi todo el mundo recorrido, su fuego ganó en calidad porque antes quemaba y ahora ilumina, tanto que muchos dejan las drogas o la idea del suicidio después de escucharlo. Nunca se detuvo en ningún lugar, ni en la fama que, dice, es asunto de los demás, no mío, porque yo vivo no vivo ni con ella ni por ella, la fama es un bullicio que sucede fuera de mi. LOS MEJORES CITAS Y PENSAMIENTOS DE FACUNDO CABRAL “ Cada mañana es una buena noticia, cada niño que nace es una buena noticia, cada hombre justo es una buena noticia, cada cantor es una buena noticia, porque cada cantor, es un soldado menos. Todo esto y mucho más, lo aprendí de mi madre, se llamaba Sara, la elegí como madre por la misma razón por la que Dios la eligió como hija. Nunca pudo aprender nada puesto que, cada vez que estaba por aprender, llegaba la felicidad y la distraía. Nunca usó agenda porque hacía sólo lo que amaba y eso, se lo recordaba el corazón. Se dedicó sólo a vivir y no le quedó tiempo para otra cosa.” “ Me marché del pueblo dejando una novia. Muchos años después, al volver, me encontré una cuñada. Me quedé mirándola y, al ver lo que había hecho el tiempo con ella, me acerqué a mi hermano y le dije: ¡ Gracias¡. En aquella ocasión, mi hermano, acudió borracho a una fiesta del pueblo y sacó a bailar a una gorda vestida de negro, la que le dijo: No quiero bailar con usted por tres razones, porque usted está borracho, porque no sé bailar y porque soy ¡¡ el obispo¡¡¡.” “ Me sorprendí cuando los periodistas corrieron a la casa de la madre de García Márquez, tras haber ganado éste el Nóbel. Todos estaban deseosos de conocer la opinión de la madre de Gabo, a lo que la señora les contestó: Yo no se nada de literatura, yo sólo sé que el Gabo tiene mucha memoria porque todo eso que escribió se lo contaron. Esto me recuerda al inefable Juan Rulfo, cuando las gentes le pedían, casi le reclamaban del porque no escribía, a lo que él respondió: No escribo porque la gente que me contaba las cosas, se murió.” “ Me gusta volver a Roma, principalmente al Trastébere. Una tarde de otoño me encontré, en el Campo di Fiori con un señor al que todos quisimos mucho. Le estaba echando migas a las palomas. En aquella época el maestro tenía 88 años. Estaba allí, con su mujer. No me pude resistir; me acerqué y le dije: Es usted quíen yo creo ?. Me contestó. ¡Yo soy el que tú quieras!. Entonces le dije: ¡Es usted el maestro!. A lo que me respondió, el maestro es el que te puso a ti delante de mí, y a mí delante de ti, yo sólo soy Arthur Rubistéin. “ Me gusta volver a México, allí, en San Cristóbal de las Casas acudí al templo donde oran los Chamulas y me quedé perplejo. Cambiaron las ofrendas. Ahora le llevan al templo huevos de gallina y Pepsi-Cola. ¡ Como si Dios no supiera que no hay nada como la Coca-Cola¡. “ Un día me dijo Alberto Cortez: “ Facundo: vos sabés porque los argentinos hasta los cuarenta años somos engreídos, petulantes, soberbios. ¿ Sabes por qué?. ¡ Porque a partir de los cuarenta somos perfectos¡”. Y yo le dije: ¡ Gracias, Alberto¡ “ Me apasiona volver a Guadalajara. México es como mi casa. La Guadalajara de Arriola. Me encanta escuchar al maestro Juan José Arriola. Él me dijo un día: “ Nosotros, que somos buenas gentes, vamos a tener muchos hijos para que los malos no nos sigan ganando las elecciones.” Me gusta volver a la Guadalajara del Chente Fernández, que me dijo un día: “ Hay dos cosas que un buen charro debe tener; una buena vieja y una buena mula, eso sí, que la mula no sea muy vieja y que la vieja no sea muy mula.” “ Dios tomó forma de mendigo y bajó al pueblo para acercarse a la casa del zapatero en que le dijo: “ Hermano, soy muy pobre, no tengo una sola moneda encima y mis sandalias están rotas, si tu me hicieras el favor.” A lo que el zapatero le respondió: “ Aquí todo el mundo viene a pedir y nadie a dar.” Dios le dijo: “ Yo puedo darte todo aquello que tú necesites.” ¿ Tú podrías darme un millón de dólares para que yo fuera feliz?. Yo puedo darte diez veces más que eso a cambio de algo; a cambio de tus piernas. A lo que el zapatero le respondió: “ Para qué quiero yo diez millones de dólares si no voy a poder caminar sólo”. Puedo darte, continuaba el Señor, cien millones de dólares a cambio de tus brazos. El zapatero, inquieto le dijo: “¿ Qué puedo hacer yo con cien millones de dólares si no voy a poder comer solo?.” El Señor le hizo la última tentativa al zapatero. Te voy a dar mil millones de dólares a cambio de tus ojos. El zapatero, asustado ante el mendigo le respondió: “ Qué hago yo con mil millones de dólares si no puedo ver a mi mujer, a mis hijos, a mis amigos.” El señor le dijo: “ Ah, hermano, hermano, qué fortuna tienes y no te das cuenta”. “ Mi hermano trabajaba en correos y un día le pidió dos horas de permiso a su jefe y éste se las negó. Mi hermano le dijo: “ Mire usted, es que voy a ser padre. El jefe le dijo, haber empezado por ahí. Tómese el tiempo que quiera y que le vaya bien. Como a las cinco horas regresaba mi hermano y el jefe le dijo: “ ¡Qué, niño o niña?. “ Que se yo, viejo, ahora hay que esperar nueve meses.” “ Mi abuelo era un genio para los números. Pasábamos un día por un campo y me dijo; “ Ahí hay trescientas ochenta y cuatro vacas.”. Yo, estupefacto le pregunté: ¿ Cómo haces para saber tanto de números, para saber con exactitud el número total de vacas?. Muy sencillo: cuento el total de las patas y las divido por cuatro. “ Un marinero le dijo a mi abuelo: “ Si me das cuatro hierros te construyo un barco.” Y mi abuelo le respondió: “ Si tú me das a tu hermana, te hago la tripulación.” “ Mi hermano fue comunista hasta que el capitalismo le dio una oportunidad. Y es comprensible: el joven que no es socialista no tiene futuro y el adulto que no es conservador es que no tiene cabeza. Mi hermano decía que el dinero no hace la felicidad, pero la pobreza menos, así que decidió pasar esta desdicha que es la vida, con comodidad.”. “ Mi sobrino escuchó a su padre que un día le dijo: “ Siéntate ahí que vamos hablar del sexo.” Mi sobrino, con doce años, se quedó mirando a su padre y le dijo: “ ¿Qué quieres que te explique, papá?” “ Estábamos un día en Nueva York y, a la salida del teatro Lincon Center, se me acercó un periodista y me espetó: “ Señor CabraL. Yo estoy de acuerdo en todo lo que usted ha dicho esta noche, excepto en que Dios es siempre justo. Si Dios fuera siempre justo, usted debería tener tanto difusión, tanto éxito como Julio Iglesias.” A lo que yo le respondí: “ Claro que Dios es siempre justo. Julio Iglesias tiene más difusión, más éxito que yo puesto que necesita del dinero mucho más que yo para vivir. Yo, que necesito más libertad que Julio para vivir, por eso Dios me hizo más libre.” “ América, Estados Unidos, es el único lugar del mundo donde uno puede ser un mal actor y un mal presidente, todo a la vez. Allí, en Estados Unidos, los negros se hacen boxeadores para poder pegarles a los blancos ¡¡ legalmente¡¡. “ Mi tío, que sabia casi todo, me dijo un día: “ Si nos sacaran todas las pendejadas que nos han enseñado, por lo menos seríamos Octavio Paz.”. Mi tío me decía que fue seis años a la escuela, ¡ pero nunca entró¡. “ La gente es todo lo vieja que quiera ser. He visto algunas muchachas con 20 años y estar totalmente envejecidas, por el contrario, conozco a una muchachita con 83 años, Teresa de Calcuta, que nos enseña a vivir todos los días.”. “ Un negro en la nieve es un blanco perfecto.” “ Me contaba mi abuela en torno al día que murió Carlos Gardel. Esto ocurría en el año 1935. La noticia fue difundida por la radio. Se hicieron eco todos los barcos extranjeros anclados en el puerto de Buenos Aires. Se pusieron a sonar todas las sirenas al mismo tiempo, alguien dijo que en señal de duelo. ¿ Qué sentiste ante la muerte de Gardel, abuela?. A lo que ella me contestó: “ Caramba, ahora si que somos pobres de verdad¡”. “ Si amas al dinero a lo sumo llegarás a un banco, pero si amas a la vida, seguramente llegarás a Dios.” “ Me temo que Dios, a la hora del juicio final, nos juzgará por el promedio ya que, sería una ardua tarea juzgarnos uno por uno. No creo que Dios diga La Madre Teresa, 10 puntos, Margaret Tácher 2 puntos; no. Como digo, Dios nos juzgará por el promedio y, siendo así, estamos salvados ya que la mayoría son buena gente.” “ Un hombre que habla con las palomas no está loco, sino, benditamente enamorado.” “ La humanidad no es una caravana de desesperados, sino una bendita familia festejando el amor.” “ Pregunté a un viejo Tarahumara porque no usaban armas para defenderse de los cuatreros, y me dijo: “ Si las armas fueran necesarias, habríamos nacido con ellas.” “ Un campesino chino me dijo un día: “ Si quieres ser feliz un día emborráchate, si quieres ser feliz una semana, cásate, y si quieres ser feliz toda la vida, se jardinero.” “ Un día la pregunté a la Madre Teresa; ¿ Cuándo descansa?. A lo que ella me respondió: Yo descanso en el amor. Le dije, ¿ Madre, cual es el lugar del hombre?. Donde su hermano lo necesita. Ella, la Madre, a la que nunca le escuché hablar de política, un día le pregunté por qué?. Me dijo: Yo no puedo darme el lujo de la política, una vez estuve 5 minutos escuchando a un político y en ese tiempo se me murió un viejecito en Calcuta. Una señora al ver como la Madre Teresa curaba a un leproso se atrevió a decirle que ella no haría aquello por ningún dinero en el mundo. Y la Madre le respondió: “ Ni yo tampoco; esto lo hago por amor.”. Cada vez que yo entraba a la casa de la Madre Teresa, sentía que Dios recién había salido.” “ Mi madre, poco antes de morir me dijo: “ Muero contenta porque cada vez te pareces más a lo que cantas.” Juan Francisco, mi ahijado, dice, a sus dos años de edad, que soy artista porque canto, y que canto para poder comprarle chocolates, que es lo más razonable que escuché sobre mi oficio.” “ El poeta indio Tagore, que bautizara “Mahatma”, es decir, alma grande, a Gandhi, decía que cuando el hombre trabaja, Dios lo respeta, más cuando el hombre canta, Dios lo ama.” “ Al verme asombrado por su presencia en mi concierto, Ray Bradbury me dijo: “ Me asombra que se asombre de encontrar un Bradbury viniendo de un país que tiene un Borges que es asombroso.” “ Yo sigo siendo tan inocente que, me sigue alumbrando la bendita esperanza de que un día, los poetas gobernarán el mundo.” “ Me gusta volver al Ecuador y sentarme frente al Cotopaxi, el volcán sagrado, principalmente en sábado. Me gusta volver a Calcuta porque ese es el centro de la Madre Teresa. Me gusta volver a España, porque allí reina la alegría. “ Un día, al volver a mi pueblo me encontré a mi hermano llorando porque lo había abandonado su mujer. Mi madre me preguntó que cuantos habitantes habrán en el mundo. No lo se con exactitud, le dije, pero se calcula que habremos unos cinco mil doscientos millones de personas en el mundo. Y dijo mi madre: “ Y con tantos miles de millones de personas que hay en el mundo, hay algunos que lloran por uno solo. Es como si tuviera uno cinco mil millones de pesos y lloraras porque has perdido un peso.” “ Bienaventurado el Mahatma Gandhi que fue el que dijo que hace casi dos mil años que estamos festejando el amor; o sea, el nacimiento de Jesús, no el de Herodes.” “ Escapa de los que compran lo que no necesitan, con dinero que no tienen, para agradar a gente que no vale la pena.” “ Si los malos supieran lo buen negocio que es ser bueno, serían buenos, aunque sólo fuera por negocio.” “ El bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso. Una bomba hace mucho más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, existen millones de caricias que construyen la vida. “ Cuando me marché de mi casa, niño aún, tenía siete años, mi madre me acompañó a la estación, y cuando subí al tren me dijo: Este es el segundo y último regalo que puedo hacerte, el primero fue darte la vida y, el segundo, la libertad para vivirla.” “ La oración dilecta de mi madre decía: “ Señor, te pido perdón por mis pecados, ante todo por haber peregrinado a muchos santuarios, olvidando que estás presente en todas partes. En segundo lugar, te pido perdón por haber implorado tantas veces tu ayuda, olvidando que mi bienestar te preocupa más a ti que a mí. Y por último te pido perdón por estar aquí pidiéndote que me perdones, cuando mi corazón sabe que mis pecados son perdonados antes de que los cometa. ¡ Tanta es tu misericordia amado Señor¡”. “ La señora Indira Gandhi le encantaba desayunar conmigo, me invitaba muchas veces para que le contara historias de Eva Duarte, a la que admiraba de forma profunda, tanto como yo la admiré. Cuando ya le conté todo cuanto supe de Evita, comencé a inventarme bellas historias de ella, pensando que la señora Indira no se iba a dar cuenta. Un día, la señora Indira me dijo: “ Facundo, te espero mañana para desayunar, espero me sigas contando historias de Evita...., aunque sean inventadas.” “ La maestra de mi pueblo se llamaba Dorotea. Era muy respetada por todos. ¡ Por eso se marchó del pueblo, para ver si tenía más suerte!. “ Mi pueblo tenía una sola calle. Un día, un alcalde progresista, dijo que la calle sería de dirección única. Así que los que nos fuimos, nunca pudimos volver sin cometer una infracción." " Yo les digo a los pobres lo mismo que les digo a los ricos: Contar conmigo ya que, con amor todo es posible.” “ Un día me encontré a un mendigo sentado junto a un basurero, al que le pregunté cual era el mejor lugar del mundo, a lo que él me respondió: ¡ Este¡. Si aquí me trajo Dios, dudo que en el mundo hubiera encontrado un lugar mejor para mí.” “ La ignorancia es un modo inconsciente del mal.” " Mi abuelo persiguió a las muchachas hasta los noventa años. Pero ya no se acordaba para qué." " Usted bebe mucho, le dijo el médico a mi abuelo que tenía el mal de parkinson. Y mi abuelo le dijo: no crea se me cae bastante." " Somos hijos del amor, por lo tanto no es difícil sospechar que nacemos para la felicidad. Fuera de la felicidad son todo pretextos. Además debemos ser felices por nuestros hijos, pues nada hay como recordar padres felices." " Somos hermanos de Heráclito, aquel que sabía que no bajaremos dos veces al mismo río, porque no nos bañaremos dos veces en las mismas aguas. La vida es cambio constante." " Somos hermanos de Macedonio Fernández, el que decía: no creo en la vida de lo que no se ama ni en la muerte de lo amado." " Somos hermanos de Demócrito, el que se hizo quemar los ojos para poder pensar; porque decía que el mundo era tan bello que lo distraía." " Somos hermanos de la Madre Teresa, la que sabía que el lugar del hombre está donde sus hermanos le necesitan. ¡Vean que familia!." " El que no está dispuesto a perderlo todo, no está preparado para ganar nada." " La pobreza no es una virtud, salvo que favorezca tu libertad." " El conquistador por cuidar su conquista, se convierte en esclavo de lo que conquistó. Es decir, que jodiendo se jodió." " Por el mundo caminado, he podido comprobar que el que facílmente halaga, facílmente insultará." " El amor nunca se muere, sólo cambia de lugar." " La vida es el presente y eternamente lo has de gozar." " Tienes un cerebro como Einstein, tienes un corazón como Jesús, tienes dos manos como la Madre Teresa, tienes una voluntad como Moises, tienes un alma como Gandhi, tienes un espíritu como Buda. Entonces, cómo puedes sentirte pobre y desdichado." “ No hieras ni ofendas a nadie, pues de uno en otro, puede volver a tí convertido en una bomba." " No hay que ser pobre para alegrar a Dios, porque el Señor no tiene problemas sociales. Por eso el sol y la lluvia son para todos." " Dios te quiere féliz y para ser féliz hay que hacer lo que uno ama; porque el amor te acerca a todo, porque el amor es valiente; es la antítesis del miedo, que es el peor dictador" " Nunca voy con los que lloran y siempre con los que cantan. Los paisanos de mi pueblo cuando tienen un dolor, en lugar de andar llorando, cantan debajo del sol." " La sociedad humana esta tan mal por las fechorías de los malos, como por el silencio cómplice de los buenos." " Bienaventurado el que no cambia el sueño de su vida por el pan de cada día." " Bienaventurado el que sabe que compartir un dolor es dividirlo y compartir una alegría es multiplicarla." " Olvidar cosas malas, también es tener buena memoria, decía Martín Fierro. Yo digo: el olvido es una gentileza de Dios." " Lo mejor de uno son los otros. Esa gente que le puso alas a mi vida, imagen, que me transformó en esto que soy; un hombre rico, inmensamente rico, en la condición que sea y donde fuere." " Siempre, con lo que tengas, se puede, se debe empezar de nuevo. Tenemos el deber de ser felices." " El Señor no nos va a preguntar que hicimos con el dinero, sino qué hicimos con la alegría, inevitable para vivir." " La vida es hambre o festín. Tú eliges." " Para vivir mejor, hay que ser mejor. Nadie puede hacerlo por vos." ESTA LA PUERTA ABIERTA Está la puerta abierta, la vida está esperando con su eterno presente, con lluvia o bajo el sol. Está la puerta abierta, juntemos nuestros sueños para vencer al miedo que nos empobreció. La vida es encontrarnos, para eso nacemos, porque el punto más alto es llegar al amor. Y no hay amor de uno, sólo hay amor de todos, y por ese motivo estamos hoy aquí. Está la puerta abierta, la vida está esperando con su eterno presente, con lluvia o bajo el sol. Está la puerta abierta, juntemos nuestros sueños para vencer al miedo que nos empobreció. Iremos de uno en uno, después de pueblo en pueblo hasta rodear al mundo con la misma canción. Todas las cosas bellas comenzaron cantando, no olvides que tu madre cantando te acunó. Todas las cosas bellas comenzaron cantando, no olvides que tu madre cantando te acunó. Facundo Cabral
Fragmentos de Fragmentos de un discurso amoroso
Espero una llegada, una reciprocidad, un
signo prometido. Puede ser fútil o enormemente patético. Todo es
solemne: no tengo sentido de las proporciones.
Hay una escenografía de la espera: la organizo, la manipulo, destaco un trozo de tiempo en que voy a imitar la pérdida del objeto amado y provocar todos los afectos de un pequeño duelo, lo cual se representa, por lo tanto, como una pieza del teatro.
La espera es un encantamiento: recibí la orden de no moverme. La espera de una llamada telefónica se teje así de interdicciones minúsculas, al infinito, hasta lo inconfesable: me privo de salir de la pieza, de ir al lavabo, de hablar por teléfono incluso; sufro si me telefonean; me enloquece pensar que a tal hora cercana será necesario que yo salga, arriesgándome así a perder el llamado. Todas estas diversiones que me solicitan serían momentos perdidos para la espera, impurezas de la angustia. Puesto que la angustia de la espera, en su pureza, quiere que yo me quede sentado en un sillón al alcance del teléfono, sin hacer nada.
El ser que espero no es real. El otro viene allí donde yo lo espero, allí donde yo lo he creado ya. Y si no viene lo alucino: la espera es un delirio.
Hay una escenografía de la espera: la organizo, la manipulo, destaco un trozo de tiempo en que voy a imitar la pérdida del objeto amado y provocar todos los afectos de un pequeño duelo, lo cual se representa, por lo tanto, como una pieza del teatro.
La espera es un encantamiento: recibí la orden de no moverme. La espera de una llamada telefónica se teje así de interdicciones minúsculas, al infinito, hasta lo inconfesable: me privo de salir de la pieza, de ir al lavabo, de hablar por teléfono incluso; sufro si me telefonean; me enloquece pensar que a tal hora cercana será necesario que yo salga, arriesgándome así a perder el llamado. Todas estas diversiones que me solicitan serían momentos perdidos para la espera, impurezas de la angustia. Puesto que la angustia de la espera, en su pureza, quiere que yo me quede sentado en un sillón al alcance del teléfono, sin hacer nada.
El ser que espero no es real. El otro viene allí donde yo lo espero, allí donde yo lo he creado ya. Y si no viene lo alucino: la espera es un delirio.
***
Como Relato (Romance, Pasión), el amor es una historia que se cumple, en el sentido sagrado: es un programa que debe ser recorrido. Para mí, por el contrario, esta historia ya ha tenido lugar; porque lo que es acontecimiento es el arrebato del que he sido objeto y del que ensayo (y yerro) el después. El enamoramiento es un drama, si devolvemos a esta palabra el sentido arcaico que le dio Nietzsche: "El drama antiguo tenía grandes escenas declamatorias, lo que excluía la acción". El rapto amoroso (puro momento hipnótico) se produce antes del discurso y tras el proscenio de la conciencia: el "acontecimiento" amoroso es de orden hierático: es mi propia leyenda local, mi pequeña historia sagrada lo que yo me declamo a mí mismo, y esta declamación de un hecho consumado (coagulado, embalsamado, retirado del hacer pleno) es el discurso amoroso.
***
Humboldt llama a la libertad del signo locuacidad.
Soy (interiormente) locuaz, porque no puedo anclar mi discurso: los
signos giran "en piñón libre". Si pudiera forzar el signo, someterlo a
una sanción, podría finalmente encontrar descanso. Pero no puedo
impedirme pensar, hablar; ningún director de escena está ahí para
interrumpir el cine interior que me paso a mí mismo y decirme: ¡Corte!
La locuacidad sería una especie de desdicha propiamente humana: estoy
loco de lenguaje: nadie me escucha, nadie me mira, pero continuo
hablando, girando mi manivela.
***
Para poder interrogar al destino es necesaria una pregunta alternativa (Me quiere / No me quiere), un objeto susceptible de una variación simple (Caerá / No caerá) y una fuerza exterior (divinidad, azar, viento) que marque uno de los polos de la variación. Planteo siempre la misma pregunta (¿seré amado?), y esta pregunta es alternativa: todo o nada; no concibe que las cosas maduren, que sean sustraídas a la oportunidad del deseo. No soy dialéctico. La dialéctica diría: la hoja no caerá, y después cae; pero entretanto habrás cambiado y no te plantearás ya la pregunta.
***
Para mostrarte dónde está tu deseo basta prohibírtelo un poco. X... desea que esté allí, a su lado, pero dejándolo un poco libre: ligero, ausentándome a veces, pero quedándome no lejos:
es preciso, por un lado, que esté presente como prohibido, pero también
que me aleje en el momento en que, estando en formación ese deseo,
amenazaría con obstruirlo. Tal sería la estructura de la pareja
"realizada": un poco de prohibición, mucho de juego; señalar el deseo y
después dejarlo.
***
Desacreditada por la opinión
moderna, la sentimentalidad del amor debe ser asumida por el sujeto
amoroso como una fuerte transgresión, que lo deja solo y expuesto; por
una inversión de valores, es pues esta sentimentalidad lo que constituye
hoy lo obsceno del amor.
(Tomaré para mí el desprecio con el que se abruma todo pathos: en otro tiempo, en nombre de la razón, hoy, en nombre de la "modernidad", que requiere un sujeto, con tal que sea "generalizado".)
Dí con un intelectual enamorado: para él, "asumir" (no reprimir) la extrema tontería, la tontería desnuda de su discurso, es la forma necesaria de lo imposible y de lo soberano: una abyección tal que ningún discurso de la transgresión puede recuperarla y que se expone sin protección al moralismo de la antimoral. De ahí que juzgue a sus contemporáneos modernos como otros tantos inocentes: lo son los que censuran la sentimentalidad amorosa en nombre de una nueva moral (Nietzche): "El sello distintivo de las almas modernas no es la mentira sino la inocencia, encarnada en el moralismo falso" . (Inversión histórica: no es ya lo sexual lo que es indecente; es lo sentimental -censurado en nombre de lo que no es, en el fondo, más que otra moral.)
El enamorado delira ("desplaza el sentimiento de los valores"), pero su delirio es tonto. El daimon de Sócrates le soplaba: no. Mi daimon es por el contrario mi tonteria: como el asno nietzscheano digo sí a todo, en el campo del amor. Me obstino, rechazo el aprendizaje, repito la misma conducta; no se me puede educar - y yo mismo no lo puedo hacer; mi discurso es continuamente irreflexivo; no sé ordenarlo, graduarlo, disponer de enfoques, las comillas; hablo siempre en primer grado; me mantengo en un delirio prudente, ajustado, discreto, domesticado, trivializado por la literatura.
Todo lo que es anacrónico es obsceno. Como divinidad (moderna), la Historia es represiva, la Historia nos prohíbe ser inactuales. Del pasado no soportamos más que la ruina, el monumento, el kitsch o el retro, que es divertido; reducimos ese pasado a su sola rúbrica. El sentimiento amoroso está pasado de moda (demodé), pero ese demodé no puede siquiera ser recuperado como espectáculo: el amor cae fuera del tiempo interesante; ningún sentido histórico, polémico, puede serle conferido; es en esto que es obsceno.
En la vida amorosa, la trama de los incidentes es de una increíble futilidad, y esta futilidad, unida a la mayor formalidad, es sin duda inconveniente. Cuando imagino seriamente suicidarme por una llamada telefónica que no llega, se produce una obscenidd tan grande como cuando, en Sado, el papa sodomiza a un pavo. Pero la obscenidad sentimental es menos extraña, y eso es lo que la hace más abyecta; nada puede superar el inconveniente de un sujeto que se hunde porque su otro adopta un aire ausente.
La carga moral decidida por la sociedad para todas las transgresiones golpea todavía más hoy la pasión que el sexo. Todo el mundo comprenderá que X... tenga "enormes problemas" con su sexualidad; pero nadie se interesará en los que Y... pueda tener con su sentimentalidad: el amor es obsceno en que precisamente pone lo sentimental en el lugar de lo sexual.
La obscenidad amorosa es extrema: nada puede concentrarla, darle el valor fuerte de una transgresión; la soledad del sujeto es tímida, carente de todo decoro: ninbún Bataille le dará una escritura a ese obsceno. El texto amoroso está hecho de pequeños narcisismos, de mezquindades psicológicas; carece de grandeza: o su grandeza es la de no poder alcanzar ninguna grandeza. Es pues, el momento imposible en que lo obsceno puede verdaderamente coincidir con la afirmación, el amén, el límite grado de lo obsceno.
(Tomaré para mí el desprecio con el que se abruma todo pathos: en otro tiempo, en nombre de la razón, hoy, en nombre de la "modernidad", que requiere un sujeto, con tal que sea "generalizado".)
Dí con un intelectual enamorado: para él, "asumir" (no reprimir) la extrema tontería, la tontería desnuda de su discurso, es la forma necesaria de lo imposible y de lo soberano: una abyección tal que ningún discurso de la transgresión puede recuperarla y que se expone sin protección al moralismo de la antimoral. De ahí que juzgue a sus contemporáneos modernos como otros tantos inocentes: lo son los que censuran la sentimentalidad amorosa en nombre de una nueva moral (Nietzche): "El sello distintivo de las almas modernas no es la mentira sino la inocencia, encarnada en el moralismo falso" . (Inversión histórica: no es ya lo sexual lo que es indecente; es lo sentimental -censurado en nombre de lo que no es, en el fondo, más que otra moral.)
El enamorado delira ("desplaza el sentimiento de los valores"), pero su delirio es tonto. El daimon de Sócrates le soplaba: no. Mi daimon es por el contrario mi tonteria: como el asno nietzscheano digo sí a todo, en el campo del amor. Me obstino, rechazo el aprendizaje, repito la misma conducta; no se me puede educar - y yo mismo no lo puedo hacer; mi discurso es continuamente irreflexivo; no sé ordenarlo, graduarlo, disponer de enfoques, las comillas; hablo siempre en primer grado; me mantengo en un delirio prudente, ajustado, discreto, domesticado, trivializado por la literatura.
Todo lo que es anacrónico es obsceno. Como divinidad (moderna), la Historia es represiva, la Historia nos prohíbe ser inactuales. Del pasado no soportamos más que la ruina, el monumento, el kitsch o el retro, que es divertido; reducimos ese pasado a su sola rúbrica. El sentimiento amoroso está pasado de moda (demodé), pero ese demodé no puede siquiera ser recuperado como espectáculo: el amor cae fuera del tiempo interesante; ningún sentido histórico, polémico, puede serle conferido; es en esto que es obsceno.
En la vida amorosa, la trama de los incidentes es de una increíble futilidad, y esta futilidad, unida a la mayor formalidad, es sin duda inconveniente. Cuando imagino seriamente suicidarme por una llamada telefónica que no llega, se produce una obscenidd tan grande como cuando, en Sado, el papa sodomiza a un pavo. Pero la obscenidad sentimental es menos extraña, y eso es lo que la hace más abyecta; nada puede superar el inconveniente de un sujeto que se hunde porque su otro adopta un aire ausente.
La carga moral decidida por la sociedad para todas las transgresiones golpea todavía más hoy la pasión que el sexo. Todo el mundo comprenderá que X... tenga "enormes problemas" con su sexualidad; pero nadie se interesará en los que Y... pueda tener con su sentimentalidad: el amor es obsceno en que precisamente pone lo sentimental en el lugar de lo sexual.
La obscenidad amorosa es extrema: nada puede concentrarla, darle el valor fuerte de una transgresión; la soledad del sujeto es tímida, carente de todo decoro: ninbún Bataille le dará una escritura a ese obsceno. El texto amoroso está hecho de pequeños narcisismos, de mezquindades psicológicas; carece de grandeza: o su grandeza es la de no poder alcanzar ninguna grandeza. Es pues, el momento imposible en que lo obsceno puede verdaderamente coincidir con la afirmación, el amén, el límite grado de lo obsceno.
***
La catástrofe amorosa está quizás
próxima de lo que se ha llamado, en el campo psicótico, una situación
extrema, que es "una situación vivida por el sujeto como algo que debe
destruirlo irremediablemente"; la imagen surge de lo que pasó en Dachau.
¿No es indecente comparar la situación de un sujeto con mal de amores a
la de un recluso de Dachau? Estas dos situaciones tienen, sin embargo,
algo de común: son, literalmente pánicas: son situaciones sin remanente,
sin retorno: me he proyectado en el otro con tal fuerza que, cuando me
falta, no puedo recuperarme: estoy perdido, para siempre.
***
Desde hace cien años se considera que la locura (literaria) consiste en esto: "Yo es otro":
la locura es una experiencia de despersonalización. Para mí, sujeto
amoroso, es todo lo contrario: es a causa de convertirme en sujeto, de
no poder sustraerme a serlo, que me vuelvo loco. Yo no soy otro: es lo que compruebo con pavor.
(Cuento zen: un viejo monje está ocupado a pleno sol en desecar hongos: "¿Por qué no hace que lo hagan otros? -Otro no es yo, y yo no soy otro. Otro no puede hacer la experiencia de mi acción. Yo debo hacer la experiencia de descar los hongos.")
Soy indefectiblemente yo mismo y es en esto en lo que radica mi estar loco: estoy loco puesto que consisto.
Es loco aquel que está limpio de todo poder. -¿Cómo? ¿Acaso el enamorado no conoce ninguna excitación de poder? El sometimiento es no obstante asunto mío: sometido, queriendo someter, experimento a mi manera la ambición de poder, la libido dominandi. Sin embargo, ahí está mi singularidad; mi libido está absolutamente encerrada: no habito ningún otro espacio que el duelo amoroso: ni un ápice de exterior, y por lo tanto ni un ápice de sentido gregario: estoy loco: no porque sea orginial sino porque estoy separado de toda socialidad. Si los demás hombres son siempre, en grados diversos militantes de algo, yo no soy soldado de nada, ni siquiera de mi propia locura: yo no socializo.
(Cuento zen: un viejo monje está ocupado a pleno sol en desecar hongos: "¿Por qué no hace que lo hagan otros? -Otro no es yo, y yo no soy otro. Otro no puede hacer la experiencia de mi acción. Yo debo hacer la experiencia de descar los hongos.")
Soy indefectiblemente yo mismo y es en esto en lo que radica mi estar loco: estoy loco puesto que consisto.
Es loco aquel que está limpio de todo poder. -¿Cómo? ¿Acaso el enamorado no conoce ninguna excitación de poder? El sometimiento es no obstante asunto mío: sometido, queriendo someter, experimento a mi manera la ambición de poder, la libido dominandi. Sin embargo, ahí está mi singularidad; mi libido está absolutamente encerrada: no habito ningún otro espacio que el duelo amoroso: ni un ápice de exterior, y por lo tanto ni un ápice de sentido gregario: estoy loco: no porque sea orginial sino porque estoy separado de toda socialidad. Si los demás hombres son siempre, en grados diversos militantes de algo, yo no soy soldado de nada, ni siquiera de mi propia locura: yo no socializo.
***
La ausencia amorosa va solamente en un sentido y no puede suponerse sino a partir de quien se queda -y no de quien parte-: yo, siempre presente, no se constituye más que ante tú, siempre ausente.
A veces ocurre que soporto bien la ausencia. Estoy entonces "normal": me ajusto a la manera en que "todo el mundo" soporta la partida de una "persona querida"; obedezco con eficacia al adiestramiento por el cual se me ha dado muy temprano el hábito de estar separado de mi madre. Actúo como un sujeto bien destetado; sé alimentarme, mientras espero. Si se soporta bien esta ausencia, no es más que el olvido. Soy irregularmente infiel. Es la condición de mi supervivencia; si no olvidara, moriría. El enamorado que no olvida a veces, muere por exceso, fatiga y tensión de memorias.
Muy pronto desperté de este olvido. Apresuradamente, puse en su lugar una memoria, un desasosiego. En la ausencia amorosa, soy, tristemente, una imagen desapegada que se seca, se amarillea, se encoge.
¿El deseo no es siempre el mismo, esté presente o ausente el objeto? ¿El objeto no está siempre ausente? No es la misma languidez: hay dos palabras: Pothos, para el deseo del ser ausente, e Himeros, más palpitante, para el deso del ser presente.
Dirijo sin cesar al ausente el discurso de su ausencia; situación en suma inaudita; el otro está ausente como referente, presente como alocutor. De esta distosión singular, nace una suerte de rpesente insostenible; estoy atrapado entre dos tiempos, el tiempo de la referencia y el tiempo de la alocución: has partido (de ello me quejo), estás ahí (puesto que me dirijo a tí). Sé entonces lo que es el presente, ese tiempo difícil: un mero fragmento de angustia.
La ausencia dura, me es necesario soportarla. Voy pues a manipularla: transformar la distorsión del tiempo en vaivén, producir ritmo, abrir la escena del lenguaje. La ausencia se convierte en una práctica activa, en un ajetreo (que me impide hacer cualquier otra cosa); en él se crea una ficción de múltiples funciones (dudas, reproches, deseos, melancolías). Esta escenificación lingüística aleja la muerte del otro: un momento muy breve, digamos, separa el tiempo en que el niño cree todavía a su madre ausente y aquél en que la cree ya muerta. Manipular la ausencia es aplazar este momento, retardar tanto tiempo como sea posible el instante en que el otro podría caer descarnadamente de la ausencia a la muerte.
A veces ocurre que soporto bien la ausencia. Estoy entonces "normal": me ajusto a la manera en que "todo el mundo" soporta la partida de una "persona querida"; obedezco con eficacia al adiestramiento por el cual se me ha dado muy temprano el hábito de estar separado de mi madre. Actúo como un sujeto bien destetado; sé alimentarme, mientras espero. Si se soporta bien esta ausencia, no es más que el olvido. Soy irregularmente infiel. Es la condición de mi supervivencia; si no olvidara, moriría. El enamorado que no olvida a veces, muere por exceso, fatiga y tensión de memorias.
Muy pronto desperté de este olvido. Apresuradamente, puse en su lugar una memoria, un desasosiego. En la ausencia amorosa, soy, tristemente, una imagen desapegada que se seca, se amarillea, se encoge.
¿El deseo no es siempre el mismo, esté presente o ausente el objeto? ¿El objeto no está siempre ausente? No es la misma languidez: hay dos palabras: Pothos, para el deseo del ser ausente, e Himeros, más palpitante, para el deso del ser presente.
Dirijo sin cesar al ausente el discurso de su ausencia; situación en suma inaudita; el otro está ausente como referente, presente como alocutor. De esta distosión singular, nace una suerte de rpesente insostenible; estoy atrapado entre dos tiempos, el tiempo de la referencia y el tiempo de la alocución: has partido (de ello me quejo), estás ahí (puesto que me dirijo a tí). Sé entonces lo que es el presente, ese tiempo difícil: un mero fragmento de angustia.
La ausencia dura, me es necesario soportarla. Voy pues a manipularla: transformar la distorsión del tiempo en vaivén, producir ritmo, abrir la escena del lenguaje. La ausencia se convierte en una práctica activa, en un ajetreo (que me impide hacer cualquier otra cosa); en él se crea una ficción de múltiples funciones (dudas, reproches, deseos, melancolías). Esta escenificación lingüística aleja la muerte del otro: un momento muy breve, digamos, separa el tiempo en que el niño cree todavía a su madre ausente y aquél en que la cree ya muerta. Manipular la ausencia es aplazar este momento, retardar tanto tiempo como sea posible el instante en que el otro podría caer descarnadamente de la ausencia a la muerte.
***
Mis angustias de conducta son
fútiles, incesantemente cada vez más fútiles, al infinito. Es fútil lo
que aparentemente no tiene, no tendrá, consecuencias. Pero para mí,
sujeto amoroso, todo lo que es nuevo, lo que altera, no se recibe como
si fuera un hecho sino como si fuera un signo que es necesario
interpretar. Desde el punto de vista amoroso, es el signo, no el hecho,
el que es consecuente (por su resonancia). Todo significa: mediante esta proposición yo me fraguo, me alto en el cálculo, me impido gozar.
***
Contingencias. Pequeños
acontecimientos, incidentes, reveses, fruslerías, mezquindades,
futilidades, pliegues de la existencia amorosa; todo nudo factual cuya
resonancia llega a atravesar las miras de la felicidad del sujeto
amoroso, como si el azar intrigase contra él.
El incidente es fútil (siempre es fútil) pero va a atraer hacia sí todo mi lenguaje. Lo transformo enseguida en acontecimiento importante, pensado por algo que se parece al destino. Es una capa que cae sobre mí arrastrándolo todo. Cicunstancias innumerables y tenues tejen así el velo negro de la Maya; el tapiz de las ilusiones, de los sentidos, de las palabras.Como un pensamiento diurno enviado a un sueño, será el incidente el empresario del discurso amoroso, que va a fructificar gracias al capital de lo Imaginario.
En el incidente no es la causa lo que me retiene y repercute en mí, es la estructura. No recrimino, no sospecho, no busco las causas; veo con pavor la extensión de la situación en la que estoy preso; no soy el hombre del resentimiento, sino el de la fatalidad.
El incidente es para mí un signo, no un indicio: el elemento de un sistema, no la eflorescencia de una causalidad.
El incidente es fútil (siempre es fútil) pero va a atraer hacia sí todo mi lenguaje. Lo transformo enseguida en acontecimiento importante, pensado por algo que se parece al destino. Es una capa que cae sobre mí arrastrándolo todo. Cicunstancias innumerables y tenues tejen así el velo negro de la Maya; el tapiz de las ilusiones, de los sentidos, de las palabras.Como un pensamiento diurno enviado a un sueño, será el incidente el empresario del discurso amoroso, que va a fructificar gracias al capital de lo Imaginario.
En el incidente no es la causa lo que me retiene y repercute en mí, es la estructura. No recrimino, no sospecho, no busco las causas; veo con pavor la extensión de la situación en la que estoy preso; no soy el hombre del resentimiento, sino el de la fatalidad.
El incidente es para mí un signo, no un indicio: el elemento de un sistema, no la eflorescencia de una causalidad.
***
El lenguaje es una piel. Yo froto
mi lenguaje contra el otro. Mi lenguaje tiembla de deseo. La emoción
proviene de un doble contacto: por una parte, toda una actividad
discursiva viene a realzar discretametne, indirectamente, un significado
único, que es "yo te deseo", y lo libera, lo alimenta, lo ramifica, lo
hace estallar (el lenguaje goza tocándose a sí mismo); por otra parte,
envuelvo al otro en mis palabras, lo acaricio, lo mimo, converso acerca
de estos mimos, me desvivo por hacer durar el comentario al que someto
la relación.
(Hablar amorosametne es desvivirse sin término, sin crisis; es practicar una relación sin orgasmo. Existe tal voz una forma literaria de este coitus reservatus: el galanteo)
La pulsión del comentario se desplaza, sigue la vía de las sustituciones. En principio, discurro sobre la relación para el otro; pero también puede ser ante el confidente: de tú paso a él. Y después, de él paso a uno: elaboro un discurso abstracto sobre al amor, una filosofía de la cosa, que no sería pues, en suma, mas que una palabrería generalizada. Retomando desde allí el camino inverso, se podrá decir que todo propósito que tiene por objeto al amor implica fatalmente una alocución secreta.
(Hablar amorosametne es desvivirse sin término, sin crisis; es practicar una relación sin orgasmo. Existe tal voz una forma literaria de este coitus reservatus: el galanteo)
La pulsión del comentario se desplaza, sigue la vía de las sustituciones. En principio, discurro sobre la relación para el otro; pero también puede ser ante el confidente: de tú paso a él. Y después, de él paso a uno: elaboro un discurso abstracto sobre al amor, una filosofía de la cosa, que no sería pues, en suma, mas que una palabrería generalizada. Retomando desde allí el camino inverso, se podrá decir que todo propósito que tiene por objeto al amor implica fatalmente una alocución secreta.
***
El ser amado es reconocido por el
sujeto amoroso como "átopos", es decir como inclasificable, de una
originalidad imprevisible.
Es átopos el otro que amo y que me fascina. No
puedo clasificarlo puesto que es precisamente el Único, la Imagen
singular que ha venido milagrosamente a responder a la especificidad de
mi deseo. Es la figura de mi verdad.
Frente a la originalidad brillante del otro no me siento jamás átopos, sino mas bien clasificado (como un expediente conocido). A veces, sin embargo, llego a suspender el juego de la imágenes desiguales ("¡Que no pueda yo ser tan original, tan fuerte como el otro!"); intuyo que el verdadero lugar de la originalidad no es ni el otro ni yo, sino nuestra propia relación. Es la originaliad de la relación lo que es preciso reconquistar. La mayor parte de las heridas provienen del estereotipo: estoy obligado a hacerme el enamorado, como todo el mundo: a estar celoso, abandonado, frustrado, como todo el mundo. Pero cuando la relación es original, el estereotipo es conmovido, rebasado, eliminado, y los celos, por ejemplo, no tienen ya espacio en esa relación sin lugar, sin topos, sin "plano" -sin discurso.
Frente a la originalidad brillante del otro no me siento jamás átopos, sino mas bien clasificado (como un expediente conocido). A veces, sin embargo, llego a suspender el juego de la imágenes desiguales ("¡Que no pueda yo ser tan original, tan fuerte como el otro!"); intuyo que el verdadero lugar de la originalidad no es ni el otro ni yo, sino nuestra propia relación. Es la originaliad de la relación lo que es preciso reconquistar. La mayor parte de las heridas provienen del estereotipo: estoy obligado a hacerme el enamorado, como todo el mundo: a estar celoso, abandonado, frustrado, como todo el mundo. Pero cuando la relación es original, el estereotipo es conmovido, rebasado, eliminado, y los celos, por ejemplo, no tienen ya espacio en esa relación sin lugar, sin topos, sin "plano" -sin discurso.
***
La verdad es que -paradoja
desorbitante- no ceso de creer que soy amado. Alucino lo que deseo. Cada
herida viene menos de unda duda que de una traición: porque no puede
traicionar sino quien ama, no puede estar celoso sino quien cree ser
amado: el otro, episódicamente, falta a su ser, que es el de amarme; he
aquí el origen de mis desgracias. Un delirio, sin embargo, sólo existe
si despertamos de él (no hay sino delirios retrospectivos): un dia
comprendo lo que me ha ocurrido: creía sufrir por no ser amado y sin
embargo sufría porque creía serlo; vivía en la complicación de ceerme a
la vez amado y abandonado. Cualquiera que hubiese entendido mi lenguaje
íntimo no habría podido menos que exclamar: pero en fin, ¿qué quiere?
***
Es propio de la situación amorosa
ser inmediatamente intolerable una vez que la fascinación del encuentro
ha pasado. Un demonio niega el tiempo, la maduración, la dialéctica y
dice a cada instante: ¡esto no puede durar! Sin embargo dura,
al menos mucho tiempo. La paciencia amorosa tiene pues por punto de
partida su propia negación: no procede ni de una espera, ni de un
domino, ni de un ardid, ni de una temeridad: es una desgracia que no se
usa, en proporción a su agudeza; una sucesión de sacudidas, la
repetición (¿cómica?) del gesto por el cual yo me manifiesto que he
decidido poner fin a la repetición; la paciencia de una impaciencia.
(Sentimiento razonable: todo se arregla -pero nada dura. Sentimiento amoroso: nada se arregla -y sin embargo dura)
Comprobar lo Insoportable: ese grito tiene su beneficio: manifestándome a mí mismo que es preceiso salir de él, por cualquier medio que sea, instalo en mí el teatro marcial de la Decisión, de la Acción, de la Salida. La exaltación es como una ganancia secundaria de mi impaciencia; me nutro de ella, me revuelco en ella. Siempre "artista", hago de la forma misma un contenido. Imaginando una solución dolorosa (renunciar, partir, etc.), hago retumbar en mí el fantasma exaltado de la salida; una gloria de abnegación me invade y olvido enseguida lo que debería entonces sacrificar: nada menos que mi locura -que, por definición, no puede constituirse en objeto de sacrificio: ¿se ha visto a un loco "sacrificando" su locura a alguien?
Cuando la exaltación ha decaído quedo reducido a la filosofía más simple: la de la resistencia (dimensión natural de las fatigas verdaderas). Sufro sin adaptarme, persisto sin curtirme: siempre perdido, nunca desalentado.
(Sentimiento razonable: todo se arregla -pero nada dura. Sentimiento amoroso: nada se arregla -y sin embargo dura)
Comprobar lo Insoportable: ese grito tiene su beneficio: manifestándome a mí mismo que es preceiso salir de él, por cualquier medio que sea, instalo en mí el teatro marcial de la Decisión, de la Acción, de la Salida. La exaltación es como una ganancia secundaria de mi impaciencia; me nutro de ella, me revuelco en ella. Siempre "artista", hago de la forma misma un contenido. Imaginando una solución dolorosa (renunciar, partir, etc.), hago retumbar en mí el fantasma exaltado de la salida; una gloria de abnegación me invade y olvido enseguida lo que debería entonces sacrificar: nada menos que mi locura -que, por definición, no puede constituirse en objeto de sacrificio: ¿se ha visto a un loco "sacrificando" su locura a alguien?
Cuando la exaltación ha decaído quedo reducido a la filosofía más simple: la de la resistencia (dimensión natural de las fatigas verdaderas). Sufro sin adaptarme, persisto sin curtirme: siempre perdido, nunca desalentado.
***
El discurso amoroso asfixia al
otro, que no encuentra ningún lugar para su propia palabra bajo ese
decir masivo. No es que yo le impida hablar; pero sé insinuar los pronombres:
"Yo hablo y tú entiendes, luego existimos" (Ponge). A veces, con
terror, tomo conciencia de ese vuelco: yo, que me creía puro sujeto
(sujeto sujetado: frágil, delicado, lastimero), me veo convertido en una
cosa obtusa, que anda a ciegas, que aplasta a todo bajo su discurso;
yo, que amo, soy indeseable, alienado hasta las filas de los
fastidiosos: los que son pesados, molestan, se inmiscuyen, complican,
reclaman, intimidan (o más simplemente: los que hablan). Me he
equivocado monumentalmente.
***
Idea de suicidio; idea de
separación; idea de retiro; idea de viaje; idea de oblación, etc; puedo
imaginar muchas soluciones a la crisis amorosa y no ceso de hacerlo. Sin
embargo, por más enajenado que esté, no me es difícil aprehender, a
través de esas ideas recurrentes, una figura única, vacía, que es
solamente la de la salida; aquello con lo que vivo, con complacencia, es
el fantasma de otro papel: el papel de alquien que "se las
arregla". Así se descubre, una vez más, la naturaleza lingual del
sentimiento amoroso: toda solución es implacablemente remitida a su sola
idea -es decir a un ser verbal-; ajustarse a la preclusión de toda
salidad: el discurso amoroso es en cierta forma un a puertas cerradas de
las salidas.
La Idea es siempre una escena patética que imagino y de la que me conmuevo; en suma, un teatro. Imaginando una solución extrema (es decir, definitiva, definida), produzco una ficción, me convierto en artista, hago un cuadro, pinto mi salida; la Ida se ve, como el momento fecundo del drama burgués:es tan pronto una escena de adiós como una carta solemne, o bien, mucho más tarde, una despedida plena de dignidad. El arte de la catástrofe me apacigua.
Todas las soluciones que imagino son interiores al sistema amoroso: retiro, viaje, suicidio, es siempre el enamorado quien se enclaustra, se va o muerte; si se ve encerrado, ido o muerto, lo que ve es siempre un enamorado: me ordeno a mí mismo estar siempre enamorado y no estarlo más. Esta suerte de identidad del problema y de su solución define precisamente la trampa: estoy entrampado proque está fuera de mi alcance cambiar de sistema y puesto que no puedo sustituirlo por otro. Para "arreglármelas" sería necesario que yo salga del sistema -del que debo salir. Si no fuera propio de la "naturaleza" del delirio amoroso pasar, decaer solo, nadie podría ponerle fin.
La Idea es siempre una escena patética que imagino y de la que me conmuevo; en suma, un teatro. Imaginando una solución extrema (es decir, definitiva, definida), produzco una ficción, me convierto en artista, hago un cuadro, pinto mi salida; la Ida se ve, como el momento fecundo del drama burgués:es tan pronto una escena de adiós como una carta solemne, o bien, mucho más tarde, una despedida plena de dignidad. El arte de la catástrofe me apacigua.
Todas las soluciones que imagino son interiores al sistema amoroso: retiro, viaje, suicidio, es siempre el enamorado quien se enclaustra, se va o muerte; si se ve encerrado, ido o muerto, lo que ve es siempre un enamorado: me ordeno a mí mismo estar siempre enamorado y no estarlo más. Esta suerte de identidad del problema y de su solución define precisamente la trampa: estoy entrampado proque está fuera de mi alcance cambiar de sistema y puesto que no puedo sustituirlo por otro. Para "arreglármelas" sería necesario que yo salga del sistema -del que debo salir. Si no fuera propio de la "naturaleza" del delirio amoroso pasar, decaer solo, nadie podría ponerle fin.
***
Hay dos afirmaciones del amor. En
primer lugar, cuando el enamorado encuentra al otro, hay afirmación
inmediata (psicológicamente: deslumbramiento, entusiasmo, exaltación,
proyección loca de un futuro pleno: soy devorado por el deseo, por el
impulso de ser feliz): digo sí a todo (cegándome). Sigue un largo túnel: mi primer sí está carcomido de dudas, el valor
amoroso es incesantemente amenzado de depreciación: es el momento de la
pasión triste, la ascensión del resentimiento y de la oblación. De este
túnel, sin embargo, puedo salir; puedo "superar", sin liquidar; lo que
afirmé una primera vez puedo afirmarlo de nuevo sin repetirlo, puesto
que entonces lo que yo afirmo es la afirmación, no su contingencia:
afirmo el primer encuentro en su diferencia, quiero su regreso, no su
repetición. Digo al otro (viejo o nuevo): Recomencemos.
***
Estrechez de espíritu: en
realidad no admito nada del otro, no comprendo nada. Todo lo que, del
otro, no me concierne, me parece extraño, hostil; experimento entonces
respecto de él una mezcla de pavor y de severidad: temo y repruebo al
ser amado, desde el momento en que ya no "pega" con su imagen. Soy
solamente "liberal": un dogmático doliente, en cierta manera.
(Industriosa, infatigablel, la máquina de lenguaje resuena en mí -puesto que marcha bien- fabrica su cadena de adjetivos: cubro al otro de adjetivos, desgrano sus cualidades, su qualitas.)
A través de esos juicios variables, versátiles, subsiste una impresión penosa: veo que el otro persevera en sí mismo: es él mismo esta perseverancia con la que tropiezo. Me enloquezco al comprobar que no puedo desplazarla; haga lo que haga, por más que me prodigue para él, no renuncia nunca a su propio sistema. Experimento contradictoriamente al otro como una divinidad caprichosa, y como una cosa inveterada. O también, veo al otro en sus límites. O, en fin, me interrogo ¿hay un punto, uno solo, sobre el cual el otro podría sorprenderme? Así, curiosamente, la "libertad" del otro de "ser él mismo" la experimento como una obstinación pusilánime.Veo bien al otro como tal -veo el tal del otro-, pero en el campo del sentimiento amoroso, ese tal me es doloroso, puesto que nos separa, y puesto que una vez más, me rehúso a reconocer la división de nuestra imagen, la alterirdad del otro.
Este primer tal es malo porque dejó en secreto un adjetivo: el otro es obstinado: él revela todavía la qualitas. Es preciso que me desembarace de todo deseo de balance; es preciso que el otro devenga a mis ojos puro de toda atribución. Tú eres así, precisamente así. Tal cual es, el ser amado no recibe ya ningún sentido ni de mí mismo ni del sistema en el que está inmerso; no es ya sino un texto sin contexto; no tengo más necesidad o deseo de descrifrarlo; él es de algún modo el suplemento de su propio lugar.
Accedo entonces (fugitivamente) a un lenguaje sin adjetivos. Amo al otro no según sus cualidades (compatibilizadas) sino según su existencia; por un movimiento que ustedes bien podrían llamar místico, amo no lo que él es sino: que él es. El lenguaje del que el sujeto amoroso hace protesta entonces es un lenguaje obtuso: todo juicio es suspendido, el terror del sentido es abolido. Lo que liquido en ese movimiento, es la categoría misma del mérito.
(Industriosa, infatigablel, la máquina de lenguaje resuena en mí -puesto que marcha bien- fabrica su cadena de adjetivos: cubro al otro de adjetivos, desgrano sus cualidades, su qualitas.)
A través de esos juicios variables, versátiles, subsiste una impresión penosa: veo que el otro persevera en sí mismo: es él mismo esta perseverancia con la que tropiezo. Me enloquezco al comprobar que no puedo desplazarla; haga lo que haga, por más que me prodigue para él, no renuncia nunca a su propio sistema. Experimento contradictoriamente al otro como una divinidad caprichosa, y como una cosa inveterada. O también, veo al otro en sus límites. O, en fin, me interrogo ¿hay un punto, uno solo, sobre el cual el otro podría sorprenderme? Así, curiosamente, la "libertad" del otro de "ser él mismo" la experimento como una obstinación pusilánime.Veo bien al otro como tal -veo el tal del otro-, pero en el campo del sentimiento amoroso, ese tal me es doloroso, puesto que nos separa, y puesto que una vez más, me rehúso a reconocer la división de nuestra imagen, la alterirdad del otro.
Este primer tal es malo porque dejó en secreto un adjetivo: el otro es obstinado: él revela todavía la qualitas. Es preciso que me desembarace de todo deseo de balance; es preciso que el otro devenga a mis ojos puro de toda atribución. Tú eres así, precisamente así. Tal cual es, el ser amado no recibe ya ningún sentido ni de mí mismo ni del sistema en el que está inmerso; no es ya sino un texto sin contexto; no tengo más necesidad o deseo de descrifrarlo; él es de algún modo el suplemento de su propio lugar.
Accedo entonces (fugitivamente) a un lenguaje sin adjetivos. Amo al otro no según sus cualidades (compatibilizadas) sino según su existencia; por un movimiento que ustedes bien podrían llamar místico, amo no lo que él es sino: que él es. El lenguaje del que el sujeto amoroso hace protesta entonces es un lenguaje obtuso: todo juicio es suspendido, el terror del sentido es abolido. Lo que liquido en ese movimiento, es la categoría misma del mérito.
***
Denominación de la unión total:
es el "único y simple placer" (Aristóteles), "el gozo sin mancha y sin
mezcla, la perfección de los sueños, el término de todas las promesas"
(Ibn Hazm), "la magnificiencia divina" (Novalis), es: la paz indivisa. O
también: el colmamiento de la propiedad; sueño que gozamos el funo del
otro sgún una apropiación absoluta; es la unión furtiva, la fruición del amor.
"A su mitad, vuelvo a pegar mi mitad." Salgo de ver un film. Un personaje evoca a Platón y el Andrógino. Se diría que todo el mundo conoce la maña de las dos mitades que buscan volverse a unir (el deseo, lo es de carecer de lo que se tiene -y de dar lo que no se tiene: cuestión de suplemento, no de complemento).
La Naturaleza, la sabiduría, elmito dicen que no hay que buscar la unión (la anfimixtión) fuera de la división de papeles, sino de los sexos: tal es la razón de la pareja. El sueño, excéntrico (escandaloso), dice la imagen contraria. En la forma dual que fantasmo, quiero que hay un punto sin otra parte, suspiro por una estructura centrada, ponderada por la consistencia del Mismo: si todo no está en dos, ¿para qué luchar? Mejor volverme a meter en el curso de lo múltiple. Basata para consumar ese todo que deseo (insiste el sueño) que uno y otro carezcamos de lugar: que podamos mágicamente sustituirnos uno al otro: que advenga el reino "uno por el otro", como si fuéramos los vocabls de una lengua nueva y extraña, en la que sería absolutamente lícito emplear una palabra por otra. Esta unión carecería de límites, no por la amplitud de su expansión, sino por la diferencia de sus permutaciones.
"A su mitad, vuelvo a pegar mi mitad." Salgo de ver un film. Un personaje evoca a Platón y el Andrógino. Se diría que todo el mundo conoce la maña de las dos mitades que buscan volverse a unir (el deseo, lo es de carecer de lo que se tiene -y de dar lo que no se tiene: cuestión de suplemento, no de complemento).
La Naturaleza, la sabiduría, elmito dicen que no hay que buscar la unión (la anfimixtión) fuera de la división de papeles, sino de los sexos: tal es la razón de la pareja. El sueño, excéntrico (escandaloso), dice la imagen contraria. En la forma dual que fantasmo, quiero que hay un punto sin otra parte, suspiro por una estructura centrada, ponderada por la consistencia del Mismo: si todo no está en dos, ¿para qué luchar? Mejor volverme a meter en el curso de lo múltiple. Basata para consumar ese todo que deseo (insiste el sueño) que uno y otro carezcamos de lugar: que podamos mágicamente sustituirnos uno al otro: que advenga el reino "uno por el otro", como si fuéramos los vocabls de una lengua nueva y extraña, en la que sería absolutamente lícito emplear una palabra por otra. Esta unión carecería de límites, no por la amplitud de su expansión, sino por la diferencia de sus permutaciones.
***
La saciedad es una precipitación:
algo se condensa, echa raíces en mí, me fulmina. ¿Qué es lo que llena
así? ¿Una totalidad? No. Algo que, partiendo de la totalidad, llega a
exederla: una totalidad sin remanente, una suma sin excepción, un lugar
sin nada al costado. Colmo, acumulo, pero no me detengo en el nivel de
la falta: produzco un exceso, y es en este exceso que sobreviene la
saciedad (el exceso es el régimen de lo Imaginario: en cuanto no estoy
en el exceso me siento frustrado; para mi, justo quiere decir no
suficiente): conozco finalmente ese estado: dejando tras de mí toda
"satisfacción", ni ahíto ni harto, sobrepaso los límites de la saciedad
y, en lugar de encontrar asco, la náusea, o incluso la embriaguez,
descubro... la coincidencia. La desmesura me ha conducido a la
mesura; me ajusto a la imagen, nuestras medidas son las mismas:
exactitud, preceisión, música; he terminado con el no suficiente. Vivo entonces la asunción definitiva de lo Imaginario, su triunfo.
Saciedades: no se las menciona - de modo que falsamente la relación amorosa parece reducirse a una larga queja. Es que si es inconsecuente hablar mal de la desdicha, en cambio, en la felicidad, parecería culpable de estragar su expresión: el yo no discurre sino herido: cuando estoy colmado o recuerdo haberlo estado el lenguaje me parece pusilánime: soy transportado fuera del lenguaje, es decir, fuera de lo mediocre, fuera de lo general.
En realidad, poco me importan mis oportunidades de ser realmente colmado. Sólo brilla, indestructible, la voluntad de saciedad. Por esta voluntad, me abandono: forma en mí la utopía de un sujeto sustraído al rechazo: soy ya ese sujeto.
Saciedades: no se las menciona - de modo que falsamente la relación amorosa parece reducirse a una larga queja. Es que si es inconsecuente hablar mal de la desdicha, en cambio, en la felicidad, parecería culpable de estragar su expresión: el yo no discurre sino herido: cuando estoy colmado o recuerdo haberlo estado el lenguaje me parece pusilánime: soy transportado fuera del lenguaje, es decir, fuera de lo mediocre, fuera de lo general.
En realidad, poco me importan mis oportunidades de ser realmente colmado. Sólo brilla, indestructible, la voluntad de saciedad. Por esta voluntad, me abandono: forma en mí la utopía de un sujeto sustraído al rechazo: soy ya ese sujeto.
* Tomado de Roland Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso, Siglo XXI Editores, México, 1993.
Filmes sobre a bossa Nova
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A coisa mais linda. histórias e casos da bossa nova
http://www.youtube.com/watch?v=qq6TsJkCDSc
Vinicius. O filme
http://www.youtube.com/watch?v=ajvG0yUQ07Y
Elis Regina.
Documentario "contra a espera"
http://www.youtube.com/watch?v=R819bF_hAGA
Nara Leao. Por toda minha vida.
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Silvina Ocampo: "Las fotografías"
"Las Fotografías"
por Silvina Ocampo
Llegué con mis regalos. Saludé a Adriana. Estaba sentada en el centro del patio, en una silla de mimbre, rodeada por los invitados. Tenía una falda muy amplia, de organdí blanco, con un viso almidonado, cuya puntilla se asomaba al menor movimiento, una vincha de metal plegadizo, con flores blancas, en el pelo, unos botines ortopédicos de cuero y un abanico rosado en la mano. Aquella vocación por la desdicha que yo había descubierto en ella mucho antes del accidente, no se notaba en su rostro.
Estaban la Clara, estaba Rossi, el Cordero, Perfecto y Juan, Albina Renato, María, la de los anteojos, el Bodoque Acevedo, con su nueva dentadura, los tres pibes de la finada, un rubio que nadie me presentó y la desgraciada de Humberta. Estaban Luqui, el Enanito y el chiquilín que fue novio de Adriana, y que ya no le hablaba. Me mostraron los regalos: estaban dispuestos en una repisa del dormitorio. En el patio, debajo de un toldo amarillo, habían puesto la mesa, que era muy larga: la cubrían dos manteles. Los sándwiches de verdura y de jamón y las tortas muy bien elaboradas, despertaron mi apetito. Media docena de botellas de sidra, con sus vasos correspondientes, brillaban sobre la mesa. Se me hacía agua la boca. Un florero con gladiolos naranjados y otro con claveles blancos, adornaban las cabeceras. Esperábamos la llegada de Spirito, el fotógrafo: no teníamos que sentarnos a la mesa ni destapar las botellas de sidra, ni tocar las tortas, hasta que él llegara.
Para hacernos reír, Albina Renato bailó La muerte del Cisne. Estudia bailes clásicos, pero bailaba en broma.
Hacía calor y había moscas. Las flores de las catalpas ensuciaban las baldosas del patio. Los hombres con los periódicos, las mujeres con pantallas improvisadas o abanicos, todo el mundo se abanicaba o abanicaba las tortas y sándwiches. La desgraciada de Humberta, lo hacía con una flor, para llamar la atención. Qué aire puede dar, por mucho que se agite, una flor.
Durante una hora de expectativa en que todos nos preguntábamos al oír el timbre de la puerta de calle si llegaba o no llegaba Spirito, nos entretuvimos contando cuentos de accidentes más o menos fatales. Algunos de los accidentados habían quedado sin brazos, otros sin manos, otros sin orejas. "Mal de muchos, consuelo de algunos", dijo una viejita, refiriéndose a Rossi, que tiene un ojo de vidrio. Adriana sonreía. Los invitados seguían entrando. Cuando llegó Spirito, se destapó la primera botella de sidra. Por supuesto que nadie la probó. Se sirvieron varias copas y se inició el larguísimo preludio al esperado brindis.
En la primera fotografía, Adriana, a la cabecera de la mesa, trataba de sonreír con sus padres. Dio mucho trabajo colocar bien el grupo, que no armonizaba: el padre de Adriana era corpulento y muy alto, los padres fruncían mucho el ceño, sosteniendo en alto las copas. La segunda fotografía no dio menos trabajo: los hermanitos, las tías y la abuela se agrupaban desordenadamente alrededor de Adriana, tapándole la cara. El pobre Spirito tenía que esperar pacientemente el momento de sosiego, en que todos ocupaban el lugar por él indicado. En la tercera fotografía, Adriana blandía el cuchillo, para cortar la torta, que llevaba escrito con merengue rosado su nombre, la fecha de su cumpleaños y la palabra FELICIDAD, salpicada de grageas.
-Tendría que ponerse de pie -dijeron los invitados. La tía objetó:
-Y si los pies salen mal.
-No se aflija -respondió el amable Spirito-, si quedan mal, después se los corto.
Adriana hizo una mueca de dolor y el pobre Spirito tuvo que fotografiarla de nuevo, hundida en su silla, entre los invitados. En la cuarta fotografía, sólo los niños rodeaban a Adriana; les permitieron mantener las copas en alto, imitando a los mayores. Los niños dieron menos trabajo que los grandes. El momento más difícil no había terminado. Había que llevar a Adriana al dormitorio de su abuela para que le sacaran las últimas fotografías. Entre dos hombres la cargaron en la silla de mimbre y la pusieron en el cuarto, con los gladiolos y los claveles. Allí la sentaron en un diván, entre varios almohadones superpuestos. En el dormitorio, que medía cinco metros por seis, había aproximadamente quince personas, enloqueciendo al pobre Spirito, dándole indicaciones y aconsejando a Adriana las posturas que debía adoptar. Le arreglaban el pelo, le cubrían los pies, le agregaban almohadones, le colocaban flores y abanicos, le levantaban la cabeza, le abotonaban el cuello, le ponían polvos, le pintaban los labios. No se podía ni respirar. Adriana sudaba y hacía muecas. El pobre Spirito esperó más de media hora, sin decir una palabra; luego, con muchísimo tacto, sacó las flores que habían colocado a los pies de Adriana, diciendo que la niña estaba de blanco y que los gladiolos naranjados desentonaban con el conjunto. Con santa paciencia, Spirito repitió la consabida amenaza:
-Ahora va a salir un pajarito.
Encendió las lámparas y sacó la quinta fotografía, que terminó en un trueno de aplausos. Desde afuera, la gente decía:
-Parece una novia, parece una verdadera novia. Lástima los botines.
La tía de Adriana pidió que fotografiaran a la niña con el abanico de su suegra, en la mano. Era un abanico con encaje de Alenzón, con lentejuelas, y cuyas varillas de nácar tenían pequeñas pinturas hechas a mano. El pobre Spirito no juzgó de buen gusto introducir en la fotografía de una niña de catorce años un abanico negro y triste, por valioso que fuera. Tanto insistieron, que aceptó. Con un clavel blanco en una mano y el abanico negro en la otra, salió Adriana en la sexta fotografía. La séptima fotografía motivó discusiones: si se sacaría en el interior del cuarto o en el patio, junto al abuelo maniático, que no quería moverse de su rincón. La Clara dijo:
-Si es el día más feliz de su vida, cómo no la van a fotografiar junto al abuelo, que tanto la quiere. -Luego explicó-: -Desde hace un año esta niña se ha debatido entre los brazos de la muerte, ha quedado paralítica.
La tía declaró:
-Nos hemos desvivido por salvarla, durmiendo a su lado en los pisos de baldosa de los hospitales, dándole nuestra sangre en transfusiones, y ahora, en el día de su cumpleaños, vamos a descuidar el momento más solemne del banquete, olvidando de ponerla en el grupo más importante, junto a su abuelo, que siempre fue su preferido.
Adriana se quejaba. Creo que pedía un vaso de agua, pero estaba tan agitada que no podía pronunciar ninguna palabra; además, el estruendo que hacía la gente al moverse y al hablar hubiera sofocado sus palabras, si ella las hubiera pronunciado. Dos hombres la llevaron, de nuevo, en la silla de mimbre, al patio y la pusieron junto a la mesa. En ese momento se oyó de un altoparlante la canción ritual de Feliz cumpleaños. Adriana en la cabecera de la mesa, al lado del abuelo y de la torta con velitas, posó para la séptima fotografía, con mucha serenidad. La desgraciada de Humberta logró introducirse en el retrato en primer plano, con sus omóplatos descubiertos y despechugada como siempre. La acusé en público por la intromisión, y aconsejé al fotógrafo que repitiera la fotografía, lo que hizo de buen grado. Resentida, la desgraciada de Humberta se fue a un rincón del patio; el rubio que nadie me presentó la siguió y para consolarla le sopló algo al oído. Si no hubiera sido por esa desgraciada la catástrofe no habría sucedido. Adriana estaba a punto de desmayarse, cuando la fotografiaron de nuevo. Todos me lo agradecieron. Destaparon las botellas de sidra; las copas rebalsaban de espuma. Cortaron las dos tortas en tajadas grandotas, que se repartieron en cada plato. Estas cosas llevan tiempo y atención. Algunas copas se volcaron sobre el mantel: dicen que trae suerte. Con la punta de los dedos, nos humedecimos la frente. Algunos mal educados habían bebido ya la sidra antes del brindis. La desgraciada de Humberta dio el ejemplo, y le pasó la copa al rubio. No fue sino más tarde, cuando probamos la torta y brindamos a la salud de Adriana, que advertimos que estaba dormida. La cabeza colgaba de su cuello como un melón. No era extraño que siendo aquella su primera salida del hospital, el cansancio y la emoción la hubieran vencido. Algunas personas se rieron, otras se acercaron y le golpearon la espalda para despertarla. La desgraciada de Humberta, esa aguafiestas, la zarandeó de un brazo y le gritó:
-Estás helada.
Ese pájaro de mal agüero, dijo:
-Está muerta.
Algunas personas alejadas de la cabecera, creyeron que se trataba de una broma y dijeron:
-Como para no estar muerta con este día.
El Bodoque Acevedo no soltaba su copa. Todos dejaron de comer, salvo Luqui y el Enanito. Otros, disimuladamente, guardaban trozos de torta estrujada y sin merengue, en el bolsillo. ¡Qué injusta es la vida! ¡En lugar de Adriana, que era un angelito, hubiera podido morir la desgraciada de Humberta!
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